25 de marzo de 2012
25.03.2012

Solo nos falta un McDonald's

A estas alturas, nadie lo duda, no se trata de formar ciudadanos, sino de ganar votos baratos

25.03.2012 | 14:37
Solo nos falta un McDonald's

Ahora que amaga cerrar el Museo de Semana Santa de Zamora, abre el de la Pasión de Benavente, el día de la mujer trabajadora, para que no se diga. Para todos los que han bregado por un «Museo de Benavente» (creado, como se sabe, por unanimidad de los grupos municipales el 27/I/2005) hoy es un día feliz? para el «lobby» cofrade. Y hay quien piensa que un pellizco mejorarán las 7500 visitas registradas por la Oficina de Turismo de Benavente el año pasado, con tan suculenta oferta. No importa que la Sala de Pasos del Museo de Escultura de Valladolid, con obras de Gregorio Fernández y Francisco del Rincón estuviese permanentemente vacía y que el excelente Museo de Semana Santa de Medina de Rioseco sufra por alcanzar los 6933 visitantes (datos de 2010). Aquí tenemos el Redopelo (La desnudez) -pasaje del expolio de Cristo con dos sayones- de Manuel Borje Zayas (1668) sustituido en el siglo XIX por un nuevo Cristo atribuido a Ramón Álvarez, y basta. El grupo, «aparte de lo antiguo y malo que era, producía la irrisión de las gentes y descomponía el conjunto de la procesión», según documento recogido por J. Andrés Casquero, de manera que el conjunto, así dispuesto, se vendió en 1902 a la cofradía benaventana del Santo Entierro por 200 pesetas. ¿Qué esperar con estas prendas? Y tanto monta la museografía exquisita en fila india, rindiendo el paso, derecha e izquierda, un, dos y hasta 350 piezas almacenadas, que de eso se trataba, aunque, sin duda, habrá que felicitar a la Junta pro Semana Santa por su denuedo y constancia en conseguir este espacio y la rehabilitación de la decrépita ermita de la Soledad.


Parece que el Ayuntamiento, uno de los más endeudados de la región, tan solícito en todo el proceso, solo ha gastado 229.000 euros del Plan E (que paguen ellos, diría Unamuno) además de los 53.000 euros aportados por la Diputación. Lástima que se hayan escapado aquellos 86.000 euros de Caja España destinados a restaurar la casa n.º 26 de la calle Cervantes como centro museal que, en gesto tan filantrópico como eficiente, se gastaron la pasada legislatura en adquirir -como Dios manda- una ambulancia y acondicionar las traseras de San Juan (La Opinión, 28/I/2010). ¡Y después dicen que el pescado es caro!


Pero no acaba aquí la arriscada gestión cultural de nuestro Ayuntamiento. En coherencia con la apuesta de la Junta de Castilla y León por el turismo cultural como motor de desarrollo (y visitantes) de la comunidad, qué mejor idea que dotar a la villa de un nuevo museo dedicado al toro enmaromado, actividad, como se sabe, de alto contenido ético. Todo, además bien sazonado con la celebración de un congreso de Toros de Cuerda en 2014, con siete «ponencias», léase siete toros enmaromados para correr en un día, congreso para el que la Junta -que no es precisamente la Generalitat de Cataluña- ha denegado la autorización.


Queda, no obstante, la voluntad indomable de nuestros ediles de habilitar en la antigua Casa de Aguas de la Vía del Canal el futuro museo del toro, con dos plantas y sala de exposiciones temporales, todo «con un presupuesto muy ajustado en torno a los 400.000 euros», donde, entre otras gollerías, se enseñará a cómo agarrar una maroma o cómo correr delante del astado en medio de una multitud. Desconozco si los fondos del museo van más allá de este prodigioso patrimonio inmaterial, o de la auténtica refundación de la fiesta, después de 31 años desaparecida, el IV Año Triunfal de 1939, en pleno fervor franquista. Porque si de lo que se trata es de barruntar su futuro, que se pasen por el Centro de interpretación de los Encierros de Cuéllar, los más antiguos de España, cerrado «sine die» o por el de la Vaca enmaromada de Palazuelos de Vedija (Valladolid), inaugurado el 2009, y en coma inducido. Pero con una buena idea para tomar nota: se telefonea al alcalde y, si tiene tiempo, te lo enseña.


Felicito, pues, con la mayor efusión, al Ayuntamiento de Benavente, por su clarividencia de ideas. Que se olvide de los compromisos municipales con la colección arqueológica de D. Nicasio Rodríguez, o de los cuadros, embalados desde 1998, del Hospital de la Piedad, y del baratillo del fondo etnográfico de D. Recaredo Gómez, arrumbado en una nave del Centro de Transportes, si es que todavía queda algún botijo a salvo. A estas alturas, nadie lo duda, no se trata de formar ciudadanos, sino de ganar votos (baratos). Que sea norabuena.


En resumen, para ser «absolutamente modernos», solo nos falta un McDonald's.


(*) Profesor de Historia

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