20 de marzo de 2012
20.03.2012
Zona oeste

Los cabilderos de 1715

20.03.2012 | 01:00
Los cabilderos de 1715

Alistanos y trasmontanos abrían ayer las puertas a la recuperación de la que durante siglos fuera una de las instituciones sociales, religiosas y civiles más importantes de La Raya: la histórica Cofradía del Santísimo Cristo del Campo con sede en el santuario de San Vitero, como alma y corazón de las hermandades existentes en la jurisdicción de las Vicarías de Aliste y Alba. La Guerra de la Independencia a principios del siglo XVIII y los enfrentamientos fronterizos entre españoles y portugueses se llevaron por delante muchos de sus manuscritos conservándose solo libros desde 1820. Gracias a ellos y a las Visitas Eclesiásticas históricamente podemos retroceder hasta 1691 en que la cofradía del Santísimo Cristo del Campo fue agregada a la de la Cruz mediante una Bula del pontífice Inocencio XII: «Para mayor veneración de tan milagroso Señor. Y por mejor cumplir las obras de misericordia y ganar los jubileos e indulgencias a la Santa Cofradía concedidas».


Sus primeras ordenanzas fueron redactadas por los cofrades el 14 de septiembre de 1715 y aprobadas por el vicario general el 4 de abril de 1716. Estaba formada tanto por clérigos como por legos y era de ámbito comarcal. Era mixta pudiendo pertenecer a ella todo hombre y mujer que aportara de entrada una limosna «a parecer suyo».


Unas de sus figuras relevantes eran los «Cabilderos», cuatro en total, a ser posible sacerdotes párrocos o cuando menos eclesiásticos que, elegidos por tres años, cada uno recorría su partido desde Pascua del Espíritu Santo hasta San Bartolo (24 de agosto) para recoger las limosnas y cobrar los falifos que daban los devotos: en general trigo, centeno, lino y lana. Era tal la devoción que había casos, como el de María González, de San Vitero, que en 1682 testamentó a favor de su hijo y su criada la casa familiar, pero a la muerte de estos tenía que pasar al Cristo. Y así fue. Se vendió en público pregón el 14 de septiembre de 1702 y los 2.500 reales dados por Alonso Poyo se invirtieron en agrandar el santuario. Sí: el Santísimo Cristo del Campo fue, es y deber de seguir siendo parte de nuestra historia.

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