15 de marzo de 2012
15.03.2012
Zona Oeste

Gastar con sentido común

15.03.2012 | 09:28
Gastar con sentido común

El abastecimiento de agua potable se instauró en Aliste, Tábara y Alba tras las penurias de la Guerra Civil como uno de los progresos más importantes de nuestra historia. Fueron aquellos tiempos difíciles donde el negro pan de centeno sabía a gloria y se cambiaba a pelo un tocino por un jamón, cantidad por calidad, donde el líquido era tan elemental que valía su precio en oro. En pueblos como Moldones incluso se llegó a tener que racionar el agua. Un guardia velaba en la «Fuente Grande» para dar la justa y sólo aumentar la dosis cuando la sufrida ama de casa había de amasar hogazas, bollas y hornazos.
Tierra la nuestra de alfareras de Moveros que abastecían de cántaros y barrilas a las familias para llevar el agua a casa y a las duras faenas campesinas de siega y la trilla donde había que saciar la sed y los sudores sin abandonar el tajo, con el tiempo justo para limpiarse el sudor de la frente con la mano antes de volver a doblar el espinazo en busca del pan nuestro de cada día para sobrevivir.
Riofrío fue uno de los pueblos pioneros. En 1948 realizaba la primera traída de aguas para una fuente pública desde «Peñas de Mayas». En 1958 años llegaba el abastecimiento general uniéndosele el acuífero de «Fuente Merina». Hito histórico tuvo lugar en Rabanales. A las 11 horas del día 6 de diciembre de 1981 se comenzaba a perforar un pozo de sondeo, El día 7 a las 12 horas y 14 minutos llegaba la primera sorpresa cuando comenzaron a salir 15 litros por segundo, 50 a los 30 metros, para estancarse en los 40 y al finalizar se quedó con 44 metros. El hecho tuvo trascendencia nacional al ser catalogado el pozo con el segundo con más caudal de España. El agua, hoy más que nunca es un líquido esencial, elemento de la vida misma, por el que autoridades y vecinos han de velar y ello solo se puede hacer desde el sentido común, con unas normas a cumplir que han de pasar obligatoriamente por la instalar contenedores y poner freno a los continuos fraudes y venganzas. Se acabaron los tiempos de picarescas que benefician al infractor y perjudican a toda la comunidad. El bien común pasa porque todos, sin excepciones, incluidos los que van de espabilados, cumplan las reglas.

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