14 de marzo de 2012
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Los padres no pintamos nada

14.03.2012 | 01:00
Los padres no pintamos nada

A veces tengo la sensación de que los padres de ahora ya no pintamos nada. Nos limitamos a ser meros comparsas en la vida por la que desfilan nuestros hijos. Una mal interpretada libertad les está llevando por caminos arriesgados que, en ocasiones, son extremos, y se vuelven contra ellos y contra nosotros.


Ya no es que nuestras hijas celebren el funeral del aborto como quieran y cuando quieran, sin que los padres tengamos vela en su entierro. Hasta en las cosas más nimias nos están convirtiendo en una especie de monstruos. Parece que solo queremos encorsetar y amargar la vida a nuestros hijos cuando, en realidad, solo pretendemos educarlos en libertad, pero con un mínimo de valores que les sirvan de guía para conducirse por la vida.


Asistimos en estos momentos al espectáculo tremendo de una niña de dieciséis años que denunció a su padre por detención ilegal. El «malvado» padre la había castigado porque su madre, al parecer, había encontrado droga en su ropa.


El señor fue conducido a un centro de la Junta de Andalucía por orden del fiscal, que apreció indicios de delito en su actuación. No sé si los hubo, lo que sí sé es que en la educación de nuestros hijos se está inmiscuyendo tanto la administración, que tal vez llegue el día en que pidan darle el biberón o cambiarles los pañales.


La chica fue conducida a un centro de protección, y se ha escapado. Y ahora, qué. El padre puede haber sufrido un durísimo castigo por parte del fiscal al dudar de su proceder, pero si se confirma que su acción entraba dentro de los cánones normales de la educación a los menores, nadie podrá resarcirle del dolor y la afrenta sufridos.


De momento el juzgado de Úbeda, en Jaén, lo ha puesto a disposición judicial e investiga si incurrió en delito de detención ilegal. Parece ser que de las investigaciones de la Guardia Civil se desprende que el delito del padre fue negarse a que su hija saliera aquella noche del chalé que ocupaban conjuntamente.


Quizás en algún momento ha sido excesivo el comportamiento de los padres para con los hijos, pero no es menos cierto que muchos hijos recordamos con cariño los azotes con alpargata de nuestra madre o el tirón de orejas del fraile en el convento.


Ahora parece que todo es materia delictiva. Parece que los padres han perdido capacidad para educar, porque la herramienta que sabiamente se utilizaba ha pasado a mejor vida. Me refiero a eso, a la zapatilla, al dejarte sin salir una tarde o privarte del postre.


Los derechos de los niños no corren parejos a los de los padres. A medida que avanzan de forma errónea los de estos -creo yo- se disminuyen peligrosamente los de los otros, hasta ser suplantados por la administración.


Siempre me pareció horrible que una niña pudiera abortar sin tan siquiera tener que pasar por el tamiz de unos padres que, en otros tiempos, podían aconsejarla, ayudarla, comprenderla y hacerla comprender. Y luego, oída la voz de la experiencia, siempre podría decidir con argumentos, con alguna solidez.


Ahora, parece que de repente, todos los padres nos hemos vuelto idiotas y no somos capaces de ayudar o aconsejar con tanta solvencia, al menos, como el mejor de los cuidadores de una falsa progresía, que ven en el cruce de la raya de los valores esenciales un símbolo de avance y libertad.


Puede que se haya quedado uno antiguo, pero hombre, que un padre sea denunciado por su hijo menor porque lo ha castigado sin salir de casa un día, y la Guardia Civil lo conduzca a una reclusión, parece rizar el rizo.


delfin_rod@hotmail.com

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