13 de marzo de 2012
13.03.2012
Puerta óptima

Y ahora, qué

13.03.2012 | 18:21
Y ahora, qué

He sentido vergüenza ajena. El espectáculo de sindicatos y políticos con motivo de las manifestaciones del pasado domingo, ha sido deprimente. Los primeros, por no respetar una fecha tan sagrada para tantos millones de personas, como la de los atentados del 11-M. Los segundos, por demostrar que por encima de sus intereses de partido no hay nada. Ni los muertos.


Cómo pueden explicarle a la ciudadanía que las víctimas del mismo horrendo atentado no pueden ponerse de acuerdo ni a la hora de llorar. Cómo pueden explicarle que hay asociaciones adscritas a ideología o intereses partidarios, en vez de grupos humanos con un único sentimiento: el dolor.


Qué podemos esperar de un país que ni a la hora de llorar se pone de acuerdo. Viendo el desencuentro, se me revolvían las tripas. Los unos en una esquina de Madrid con su asociación afín, y los otros en la otra.


Yo creo que opinar, discrepar es un ejercicio hermoso cuando se hace dentro de las más elementales normas de racionalidad. Pero cuando la opinión se convierte en exclusión, en ciego fanatismo, estamos al borde del abismo.


Los ciudadanos que sufrimos el paro y la ruina económica vemos cómo pasan delante de nuestras narices nuestros políticos y sindicatos haciendo un ejercicio de desvergüenza enorme. Sentí pena por el Partido Popular arropando a las asociaciones que representan a unos muertos y sentí vergüenza cuando vi al Partido Socialista arropando a su asociación y a sus finados.


Es como si el lenguaje de la muerte no fuera universal. ¿Es que ni uno de esos señores se ha parado a pensar el ridículo que hacen? ¿Es que no se dan cuenta de que ellos, con sus actitudes, se alejan del verdadero sentir del pueblo?


Y el sindicalismo mezclando la churra con la merina. Un sindicalismo ciego que, sin percatarse de que representa al cinco por ciento de los trabajadores, quiere erigirse en juez y señor de la vida nacional, mientras se lleva los miles de millones a manos llenas?


Jamás he podido entender por qué los sindicatos, si creen que realmente están en posesión de la verdad, no se presentan a unas elecciones, las ganan y luego nos arreglan el país a su manera. Porque mientras no lo hagan, su legitimación se verá socavada por los intereses personalistas que representan.


Lo decía ayer y lo repito hoy: el obrero de a pie mal podemos comprender que en una de las épocas más duras, económicamente hablando, los que pierden las elecciones se dediquen solo y exclusivamente a poner palos en las ruedas. Afortunadamente cada vez son más los que opinan con libertad y exponen su punto de vista con mesura sabiendo que es solo eso, un punto de vista.


Ya nadie se cree que quien no va a una huelga o critica el comportamiento de ciertos políticos es fascista. Superada esa etapa de descalificación, nos queda arrimar el hombro. Es la gran asignatura pendiente de estos políticos y sindicatos que solo viven pendientes de su cartera personal e intransferible.


Ver las cuentas multimillonarias de estas organizaciones causa sonrojo. Sobre todo cuando el dinero proviene de las manos pobres de los pobres trabajadores, a los que unos y otros le han asignado el rol de «paganini». No valemos para otra cosa que para votar y pagar. Para que unos y otros nos expriman hasta dejarnos exhaustos. Y lamentablemente, me temo que así seguirá por mucho tiempo.


Ahora llegará la primavera caliente y con ella la pérdida de miles de millones. Y quizás logren derribar por las bravas el Gobierno que nos dimos por las buenas. Luego nos preguntaremos: y ahora, qué.


delfin_rod@hotmail.com

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