Estoy un poco despistada. Ya no sé qué se reivindica exactamente en la acampada de la plaza de la Constitución. Yo creí que se clamaba por una democracia real con todo lo que eso conlleva. Yo creí que se protestaba del hartazgo generalizado de la población y, fundamentalmente, de los más jóvenes hacia la clase política a la que vemos, además de subida en el machito del poder, también en los coches oficiales con derecho a chófer que tan caros nos cuestan a todos los ciudadanos. Me parecía que este movimiento era más que necesario. Y me parecía una lástima que no se hubiera producido un poco antes en el tiempo.

Me parecía a mí que ya iba siendo hora de poner las peras al cuarto a la autoexcluyente clase política y a todos los que a ella se arriman, sin oficio muchas veces, pero en busca de beneficio. Me parecía que estábamos ante un movimiento sobresaliente aunque tardío. Sobre todo si de la madre de todas las acampadas se trataba, es decir, la que dio origen a todas las demás, la de la Puerta del Sol. Me mostré desde un principio con todos ellos. Firmé lo que me pusieron delante. Les alenté en su rebeldía porque yo también soy rebelde en muchos aspectos y porque la rebeldía pacífica me encanta, al modo y manera de Mahatma Gandhi.

Pero cuál no sería mi sorpresa cuando el viernes, a mi paso por la plaza de la Constitución, me detengo para escuchar con atención las proclamas que se escapan por la megafonía. Y todavía no doy crédito a lo que escuché. No doy crédito a una petición en concreto que me dejó estupefacta porque pienso que, de ser como se dijo, los allí acampados están en la obligación de denunciarlo en el órgano pertinente que es el juzgado. Me refiero al pasaje que pudimos escuchar todos los ciudadanos allí congregados, que decía así: «Pedimos al exalcalde de Zamora Antonio Vázquez que devuelva todo lo robado en sus años de mandato». Me pareció y me sigue pareciendo muy fuerte.

Si tienen algo más que indicios para lanzar semejante acusación, el Juzgado no les queda muy lejos para que vayan a denunciar. Pero hay que aportar pruebas. Hay que estar seguros de que eso es así, Porque de inmediato, lo que ocurrió entre los que allí estábamos de «miranda», es que se dio crédito a lo dicho y se pudo escuchar de todo y nada bueno hacia la persona del otrora alcalde al que se le acusó de cosas terribles, incluso hubo quien dijo que tras los doce años de primer edil se «ha convertido en el más rico de Zamora». Voy a omitir el resto de lo escuchado y allá cada cual con su conciencia. Tengo para mí que la acampada de la plaza zamorana no es para eso, que es para reivindicar otras cosas de más envergadura y si quien esté detrás del texto tiene, repito, algo más que indicios, que dirima sus dudas con el exregidor donde se dirimen estas cosas, en el Juzgado. Las fiestas de San Pedro se acercan y la plaza de la Constitución está comprometida. A ver qué pasa con los allí presentes y a ver si, al final, no acabamos con los pies fríos y la cabeza caliente.