26 de septiembre de 2010
26.09.2010

Razones de la florista y del piquete

Si la huelga no hará cambiar de opinión al Gobierno, ¿a qué tantas molestias?

26.09.2010 | 01:46
Razones de la florista y del piquete

Nardos para convencer, aconseja al gomoso la florista de la calle de Alcalá. Nada mas convincente en una convocatoria de huelga que la razón última del piquete. Lo que son las cosas: la lezna para incitar al vago, y el piquete informativo para amodorrar al que se resiste a holgar cuando los mandos sindicales lo ordenan. El derecho a la huelga prevalece sobre el derecho al trabajo, ha sentenciado un Platón sindical. Hoy está de moda el filósofo aficionado que aparenta, quizá por mimetismo, pensar alto. El cronista Lucena pondera la ejemplaridad de la estudiosa reina Isabel (la I, que la II se entretenía en otras ocupaciones: «Cuando los reyes jugaban, todos éramos tahures. Estudia la Reina, ágora todos somos estudiantes». Hoy filosofa y sueña el Confucio del páramo leonés: todos, filósofos y soñadores. Zapatero nos descubrió un día su sistema de trabajo: «Cuanto antes y como sea». Un prohombre ugetista promete parar Madrid el 29 de septiembre; nosotros lo pararemos «por las buenas o por las malas». Lo dicho: con nardos o con piquetes. Sólo por saberlo; ¿Qué ha querido decir el sindicato de la policía al pedir a los agentes que no molesten a los piquetistas ?

No choca que la citada demasía del prepotente haya alimentado alguna duda sobre la finalidad verdadera de la jornada de huelga. La comunidad madrileña parece estar en la diana de los convocantes. El ministro de Fomento ha cacareado como histórico el acuerdo sobre servicios mínimos logrado con los sindicalistas: naturalmente, pues pertenecen a la misma camada política; por contra, el desacuerdo con la CAM de Esperanza Aguirre resulta comprensible y lógico, por aquello de la manida corrección política. Se acercan las elecciones y hay que desalojar de su galaxia a la presidenta y colocar en su lugar al ganador o ganadora de la peregrina batallita de las primarias, seguramente no tan fraticida como se dice.

Se ha dicho que de algún modo confluyen las expectativas del Gobierno y los sindicatos en relación con la huelga: no interesa un éxito claro ni un fracaso notable: mejor, un ten con ten. El Gobierno no puede olvidar que éstos son sus «sindicatos» a los que podría invocar con el héroe del romance famoso, como «los que comedes mi pan». Se advierte una sorprendente coincidencia en el mundillo mediático; pronostican que la huelga no hará cambiar la política del Gobierno por mas que algunos confíen en el carácter mudable del Presidente Zapatero; hablando en plata, se prevé cierto fracaso al no alcanzarse los fines deseados. Entonces ¿para qué causar tantas molestias al personal? .Es mas que previsible que los convocantes de la huelga tengan pensado intentar convencer al respetable del éxito con el número de participantes, los inconvenientes causados a la población, la insuficiencia de los medios de comunicación, la paralización de las ciudades. Ciertamente, aunque fueran totalmente reales los datos aportados, no supondrían méritos para ponerse una medalla; pero los sindicatos necesitaban ensayar un golpe de fuerza para contestar a los que los consideran incompetentes, inútiles y palmeros del Poder. Dicho lo dicho, pidamos que la fiesta transcurra en paz, ya que la armonía parece imposible.

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