Al comienzo del Curso 1934-35 llegó a la escuela de La Tuda como don Antonio Fernández Borrego, natural de Riego del Camino, y siguiendo la terminología de la época, como maestro propietario. Desde el primer momento la escuela cambio su ritmo y su rumbo. Escuela mixta, las tres secciones quedaron perfectamente estructuradas y su ritmo no interfería en ningún momento las actividades de las otras dos. Me incluyo en la primera sección, y fui el más pequeño.

El cuaderno de los resúmenes de las lecciones, lecturas, comentadas y problemas, en conjunto todas las actividades de la jornada escolar quedaban reflejadas en el cuaderno de cada uno, después de debidamente leídas y corregidas. La pizarra quedó reducida a operaciones y problemas y estos se repetían en el encerado para toda la sección. En este primer curso quedó establecido el cuaderno de rotación, en el que cada día por riguroso orden los de la primera sección, después de pasar al Cuaderno personal, repetía en el de Rotación todo lo de su cuaderno, con todos sus añadidos si los había terminando con La Tuda fecha completa y la firma del alumno, incluida rubrica.

Nuestra enciclopedia fue el Tercer Grado de don Félix Marti Alpera editada por Hijos de Santiago Rodríguez Burgos y las sesiones de lectura constituían verdaderas lecciones magistrales y al final cada uno de nosotros hacíamos el breve resumen de lo leído en la sesión. Junto a los libros de lectura ya citados las Lecturas de Oro, con su moraleja, fueron nuestra base de una formación moral y de conducta verdaderamente ejemplares, El Corazón de Amicis y el Quijote con comentarios fueron clásicos y casi diarios y apareció el Tercer Manuscrito de Dalmau, Países y Mares fueron nuestros compañeros y la Geografía la seguíamos sin esfuerzo, siempre sobre el mapa. Los jueves por la tarde en el tiempo bueno, la salida y las plantas y las piedras no tuvieron secretos para nosotros. Recuerdo que al final del curso en una convención celebrada en Palencia fue premiado el cuaderno de rotación con un lote de Libros que llegaron a la escuela al comenzar el siguiente Curso como llovidos del cielo.

En el curso 1935 -36, todo fue mas fácil para nosotros y en el cuaderno de rotación hubo dos novedades, el tipo cuaderno fue sustituido por don Antonio, sin duda para darle mayor originalidad y a la vez personalidad por el Folio rayado dividido en dos, lo que le daba un formato apaisado y a la vez en el margen introdujo una especie de adorno lineal con tintas roja o verde, novedad que nos causo una enorme impresión. Los recreos se utilizaban en la primera sección, para repetir en el cuaderno de rotación, el dibujo o dibujos si los había en tu correspondiente lección. Dominio de la lectura, una caligrafía personal verdaderamente digna de ser admirada, teniendo en cuenta las circunstancias ambientales y familiares de la mayoría de los escolares, lo que hace meritoria y eleva a una categoría casi infinita la labor desarrollada en ese día a día durante dos cursos. Cuarto de la Primera Sección hicimos sin ninguna preparación especial el examen de Ingreso en el Claudio Moyano el día 1 de Junio de 1936.

Cada maestro deja huella en la parte de generación que pasa por sus manos y Antonio dejó esa huella, que ni siquiera la muerte fue capaz de borrar. Paseando con otros seis compañeros en una noche de septiembre en una cortina frente al cementerio de Bermillo de Sayago, nos hace recordar una vez más la triste trilogía que ha amasado la mayor parte de la historia de nuestra patria, el humo la pólvora y la sangre. Triste destino de este pueblo, que sigue sin entender las lecciones de los grandes maestros.

Hoy esos dos cuadernos de rotación de esos dos cursos citados y donde es fácil seguir su desarrollo y evolución, constituyen dos joyas de una etapa de la Historia de la Educación en estas tierras que en su día estarán donde deben estar como tales. Gracias Antonio porque tú me iniciaste en este camino que hoy me permite recordarte con emoción y agradecertelo como te mereces.