03 de septiembre de 2010
03.09.2010

El idioma de Lepanto

Si decimos una cosa y nos entienden otra no es sólo su problema: también lo es nuestro

03.09.2010 | 00:47
El idioma de Lepanto

Parece que ahora se discute si es conveniente o no el intento, o supuesto intento, de acercamiento de Obama al mundo musulmán.
La verdad es que esos rumores de que el presidente americano profesa la fe islámica me resbalan más que un poco, y otro tanto, como mínimo, los debates sobre la conveniencia de crear una mezquita en la zona cero del atentado del 11 de septiembre, máxime cuando el destruido World Trade Center ya había una mezquita, y cuando lo que se proyecta ahora no está allí, ni es en realidad una mezquita.
Lo que de veras me da que pensar es la traducción que se hace de estos intentos occidentales de acercamiento, porque la verdad es que todos comprendemos que al cambiar de idioma se emplean distintas palabras, pero parece que nos cuesta comprender que al cambiar de cultura también se modifica el significado de lo que el otro entiende.

O si prefieren, lo digo de otro modo, para que no se diga que doy vueltas al asunto sin hablar claro: cuando aquí, entre nosotros, hablamos de diálogo, de tratar de ponerse en la piel del otro y de tolerancia, respeto y acercamiento, entendemos que tratamos de superar las barreras históricas y de desconocimiento con una cultura que durante siglos nos fue hostil, ya fuese por razones económicas, religiosas o territoriales.

¿Pero qué es lo que se comprende al otro lado de la barrera? Nada: debilidad. Se entiende que les tenemos miedo y queremos congraciarnos. Se entiende capitulación y cobardía. Se entiende que Occidente quiere calmarles para poder seguir explotando sus recursos y mantener una hegemonía mundial que va contra sus sagrados principios y desnaturaliza su civilización.

Cualquier traductor sabe que no es tan importante lo que el hablante dice como lo que el oyente entiende, y creo que deberíamos preocuparnos más por lo que entienden nuestros interlocutores y tratar de hablar en su mismo idioma. Si decimos una cosa y nos entienden otra no es sólo su problema: también lo es nuestro.

No hace falta ir tan lejos para explicar esta idea: todos conocemos gente a la que si se le trata mal te respeta y que empieza a pensar cómo estafarte el día que te empiezas a portar un poco mejor. No debería ser así, pero todos conocemos a algún personaje de ese tipo. Todos conocemos gente que llama idiotas a los que son buenos, que llama imbécil al que no roba y lelo al que no defrauda.

Es triste, pero hoy por hoy, y por muchas razones, buena parte del mundo musulmán se ha radicalizado hasta graves extremismos y sucede precisamente eso: que entienden como debilidad cualquier intento de acercamiento. Y por debilidad de los suyos cualquier intento de entendimiento con Occidente.

Hoy por hoy, creo que no hay más remedio que ofrecer a los moderados la mano tendida, y a los otros el método de Lepanto. Por hablar a cada cual en su idioma y que te entiendan, más que nada.

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