10 de diciembre de 2009
10.12.2009

Hipólito Domínguez Navarro

Un toresano, ejemplo de constancia y entereza

10.12.2009 | 01:00
Hipólito Domínguez Navarro

Nació en Abezames, Toro, el 13 de agosto de 1856. Sus padres, eran de posición modesta y, después de recibir la primera enseñanza estudió bajo la dirección del párroco del pueblo Geografía e Historia de España y dos cursos de latín aprobando con muy buenas notas en el seminario conciliar de Zamora. Fue un ejemplo más de la labor que los párrocos desarrollaban allí donde eran el único representarte del saber. Ante la imposibilidad de seguir estudiando por falta de medios económicos, se decidió a ir a Madrid y allí obtuvo una colocación en la Casa Editorial de José Gil Dorregaray.


Por las noches asistía a las clases que la Escuela de Artes y Oficios sostenía en el Ministerio de Fomento; más tarde empezó a estudiar la carrera de Comercio, que interrumpió durante algún tiempo por haberle tocado la suerte de cubrir plaza como soldado en el segundo reemplazo de 1875. Al ingresar en caja en Madrid aquel mismo día fue elegido como escribiente de la misma, donde continuó hasta que habiéndose sorteado para el ejército de Cuba, le cupo en suerte pasar a dicho ejército, cosa que no realizó por haber conseguido una permuta.


Fue destinado después al Batallón de Escribientes y Ordenanzas en la Dirección General de Infantería. En esta situación reanudó los estudios de la carrera de Comercio, detalle que nos describe una vez más la personalidad de nuestro personaje, aprovechando la coyuntura que el azar le ofrecía para seguir sus estudios.


Fue presidente de la Escolar Mercantil y un discípulo predilecto de Carreras y González, lo que hizo que fuera nombrado secretario adjunto del primer congreso mercantil celebrado en España en 1881.


Dedícase después a la Enseñanza privada, habiendo sido profesor de varios colegios y por concurso de Cálculos Mercantiles y Contabilidad del Centro de Instrucción Comercial de Madrid y ayudante de la Escuela Superior de Comercio de Madrid, cargos que desempeñó hasta que en virtud de una oposición fue nombrado catedrático numerario de Legislación Mercantil Comparada y Sistemas Aduaneros en la escuela Superior de Comercio de Alicante. Allí, siguiendo en la misma escuela como catedrático de Derecho Mercantil Internacional y Hacienda Pública, formó parte como vocal de oposiciones a Cátedras varias veces, tanto antes como después de alcanzar la cátedra.


Desde su posición, ayudó de manera constante a sus padres y hermanos y claramente se notó la llegada de su ayuda, lo que da idea del carácter y responsabilidad de nuestro personaje. Estos detalles fueron siempre destacados por sus amigos que encontraron en él, además del gran profesor entregado a su labor, al consejero y hasta amigo que les asesoraba y orientaba a la vez que les animaba a seguir trabajando.


Muchas veces su ejemplo fue el argumento utilizado, no sólo por él sino por sus compañeros y coetáneos, lo que habla muy claro de su recia personalidad hecha a base de esfuerzo, de variaciones y entrecortadas situaciones, de las que siempre salió, a base de tenacidad, constancia y una fe firme en su programa vital.


Muchas veces cuando repasamos la biografía de estos personajes en una época tan lejana y con las enormes limitaciones de medios y de posibilidades personales, nos damos cuenta de cómo la constancia y entereza de seguir da el triunfo y permite llegar a la meta. De estas breves notas biográficas podemos, en cualquier momento, lugar y circunstancias sacar unas magníficas conclusiones de tipo práctico, que podemos aplicar cualquiera de nosotros y en cualquier circunstancia. Cuando levantamos una buena base, a pesar de las interrupciones, cambios o paradas en la marcha emprendida, nada debe cambiar nuestra voluntad de seguir, siempre acompañada con la tenacidad y la constancia y una voluntad bien asentada. El ejemplo de este toresano es digno de figurar en una página dedicada a la educación de la constancia.

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