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Opinión

Herminio Ramos Pérez

El pendón de los jerónimos

La Tuda nació como tierras vinculadas a la Iglesia de Zamora

El mundo rural, a pesar del olvido y del desprecio recibido siempre, al que sólo se ha ido cuando se ha ido a buscar votos o al recaudador de contribuciones, está aún vivo, cuando entre las escombreras de su ruina hay jóvenes con ganas de defenderse, de defender y cuidar sus valores y de hacer valer y demostrar que entre aquellos escombros aún hay vida, valores y posibilidades.

La Tuda, ese topónimo conservado por las tierras del alfoz de Toro, nació entre peñas, arroyos de invierno y a la sombra y cobijo del Monasterio Jerónimo de Amor, más tarde convertido en dehesa mientras que el poblado de los vasallos y la final del Monasterio pasó a ser entidad de población allá cuando comenzaba a pasar su echador el polémico y convulso siglo diecinueve.

La Tuda nació como anejo de Tardobispo y como tierras vinculadas a la iglesia de Zamora, como Tardobispo la iglesia ésta dedicada al Salvador, 6 de agosto. Con su anejo Las Enillas. A partir de 1929, La Tuda y Las Enillas se constituyen en Ayuntamiento hasta el sesenta que se incorporan a Pereruela.

Hoy un grupo de jóvenes, de dentro y fuera pero inquietos y defensores de sus recuerdos, de sus valores y activos como pocos, crearon la Asociación Cultural Tudarcito y su programa clave fundamental está en salvar, recuperar y restaurar hasta donde se pueda los restos de su pasado, testimonio y base de su pasado y de su historia. Por La Tuda pasaba la Vía Romana de Ocellum Durii a Bletisama, Ledesma trazado que sigue la carretera construida en los primeros años del siglo pasado y cuyo cordón de pueblos nacieron a lo largo de la Edad Media sobre la Vía romana.

De este origen los restos de fuentes y puentes nos recuerdan en muchos tramos ese trazado y en La Tuda la citada fuente, cuya estructura bien recuerda su milenario origen, perdió la belleza y el encanto de su cubierta y la Asociación Cultural quiere, con los debidos respetos, restaurarla. Pero hoy y sin duda como obra de menor cuantía están embarcados en la restauración de un célebre pendón, sin duda procedente del Monasterio de Amor, de cuya capilla procede la portada de la iglesia, el retablo mayor que preside en la calle Central El Salvador, titular y el retablo del lado de la epístola dedicado a San Gregorio, ambas tallas restauradas hace unos meses por el restaurador del Museo Provincial. El Pendón, cuyas características y color responden plenamente al de Castilla, presidía todas las procesiones, siempre delante de la Cruz Alzada, hoy ausente ya hace años de estas ceremoniales salidas, se encuentra deteriorado, pensando que hace más de siglo y medio que salió del monasterio para descansar en su heredero más pequeño lo que pasaría a ser el lugar de La Tuda.

La Asociación Cultural, inquieta hasta donde se lo permiten sus fuerzas, está pendiente de estas y de otras iniciativas. Las religiosas de clausura que hacen maravillas con paños, telas y remates, devolverían al pendón toda la elegancia, belleza y señorío que desde la segunda mitad del siglo XVI lucía en sus salidas, dando fe de quién representaba y a qué tierra pertenecía. La Asociación Tudarcito tiene la palabra y ayudas no faltarán, estoy seguro.

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