Por las trazas, la remodelación no ha traído paz interna al Gobierno. Se suceden los roces entre las instituciones, se acumulan los síntomas de mal humor y la crispación, que era un estado normal entre rivales, se ha instalado en el partido gobernante. Los numerosos enfrentamientos entre responsables de la Administración, que en estos días acaparan la atención de los medios, son significativos indicios de que están de morros, con el ceño mohíno. Crisis da crisis, podríamos decir parangonando al famoso judío de Carrión. Las penurias agrian hasta la vida del matrimonio mejor avenido; todo es mohína donde no hay harina. La crisis financiera y económica es causa de situaciones que afectan penosamente a los modos de vida; al coincidir con otras crisis de diferente signo y parecida gravedad, provoca situaciones de remedio más difícil; no hay duda de que un catastrófico estado de la economía no favorece la convivencia y pone a prueba la idoneidad y eficacia de los gobiernos.

Son numerosos, todos de una gravedad que el Gobierno no reconoce, los enconados rifirrafes protagonizados en estos días por figuras relevantes de la política nacional. Han librado sus particulares batallitas el director del Banco de España y el ministro de Trabajo; el fiscal general del Estado, los sindicatos policiales y el ministro del Interior (el juez Garzón, en medio); el director del Banco de España y la vicepresidenta de Economía, por un quíteme usted esas Cajas; la ministra Chacón y Zapatero por la dirección del CNI...; menos mal que Sarkozy, el presumido, nos ha unido a todos en su contra al valorar despectivamente el nivel intelectual de nuestro presidente. Ni la vicepresidenta Fernández de la Vega ha sido capaz de echarle agua suficiente al incendio provocado por Cándido Conde-Pumpido; porque pretender reducir el vergonzoso episodio a un simple "incidente procedimental" son ganas de echar balones fuera. Los sindicatos policiales no se conforman con la incompleta y tímida rectificación del fiscal general ni con las buenas palabras del ministro Rubalcaba: no quieren elogios sino justicia, y anuncian una querella contra Conde-Pumpido porque entienden que al denunciar la presunta falta de la colaboración de la Policía el fiscal general la acusa de un delito. En todo caso, don Cándido debería obligarse a demostrar la veracidad de unas palabras que han descubierto algo que se nos ha ocultado hasta ahora: la opinión pública conoce bien poco de los presuntos tratos con el mundo proetarra durante una etapa en la que alguna presencia efectiva se le atribuyó a Conde-Pumpido. Pero "nada que se haga a oscuras dejará de salir al sol", previene el bíblico proverbio; esperemos que comience a hacerse la luz sobre aquellos años oscuros.

La descalificación como sistema de polémica, ha empezado a emplearse con los de casa, lo que no empece -así lo diría el Viejo Profesor- para tener permanentemente al PP en la diana; sin ir más lejos, ayer lo culpaba de la crisis. El ministro Corbacho ha tildado de alarmista a Fernández Ordóñez porque en el Congreso se atrevió a informar sobre el impacto de la crisis en la Seguridad Social "de forma, concretó, que se ha producido un rápido deterioro en el superávit que incluso podría desaparecer en un año". Pues bien, como la descalificación no convence, el ministro de Trabajo tendrá que dar a conocer en el Congreso el futuro previsible de las pensiones. Números y cálculos son mejores razones para convencer.