Lo dije tras el Gran Premio de Japón 2007 y lo vuelvo a repetir ahora: al paso que vamos, los resultados en F1 se parecen cada día más a las sentencias judiciales, van a necesitar cinco días para convertirse en firmes. La normativa establecida por la FIA en las últimas temporadas ha adquirido tal complejidad que, una vez finalizada la ceremonia del podium y la rueda de prensa de los vencedores, comienza la tarea de comprobar si todos los participantes han cumplido con lo establecido en el reglamento.

En los últimos años se ha regulado cómo deben comportarse los pilotos tras el safety car, cambiando la norma que permite entrar en boxes una vez que este interviene. Se ha fijado el número de gomas que pueden utilizar en un fin de semana siendo obligatorio, no entiendo el porqué, el uso de los dos compuestos (duro y blando) en carrera. Se ha cambiado el criterio que rige cuánto debe durar un motor y cuánto una caja de cambios. Se ha definido él número de veces que pueden cambiar el ángulo del alerón por vuelta, etcétera, etcétera. Resumiendo, un verdadero galimatías incluso para quien lo estableció que provoca que lo interpretado el domingo pasado (sanción a Trulli) se convierte en lo contrario (sanción a Hamilton) el jueves. Y al igual que en la cita japonesa de hace dos temporadas, Lewis Hamilton vuelve a ser el protagonista de la polémica. Estoy de acuerdo con la decisión adoptada de castigar al piloto inglés por su engaño. Sin embargo, no coincido en la apreciación que de los hechos hace Fernando al aprovechar la ocasión para cargar contra su ex equipo acusándoles de mentir una vez más y comparar lo ocurrido con Hungría 2007. Si esta semana la Federación no aceptó las explicaciones de Lewis y su equipo, hace dos temporadas quien no fue capaz de convencer a los comisarios fue el propio Fernando, acompañado también en aquella ocasión por el equipo McLaren. No veo diferencias entre ambos acontecimientos.

Siguiendo con los cambios, la última idea feliz ha sido la de retrasar los horarios de las pruebas que se acometen en nuestras antípodas. En su afán por llevar el Gran Circo a los mercados asiáticos emergentes, Bernie Ecclestone ha ido sustituyendo citas tradicionales del continente europeo como el Gran Premio de Austria o el de San Marino por otros celebrados en Singapur, en China o este mismo de Malasia. El problema que tiene celebrar pruebas en dicho continente es el cambio horario, que provoca que las carreras se disputen de madrugada allí donde sigue estando la audiencia: en Europa. Para solucionarlo, el mago de Bernie ha inventado las pruebas nocturnas que no aportan nada o ha retrasado a media tarde el inicio de pruebas como esta, haciéndola coincidir con la hora de más probabilidad de tormenta. Yo prefiero madrugar y ver una carrera completa y en seco a dormir un par de horas más y ver una incompleta y además interrumpida por un diluvio que entregó la victoria a quien iba líder en el momento en que se desató. Quedó mucho Gran Premio por disputar.

Por último, dos impresiones acerca de la carrera. Por un lado, que los Brawn no van de farol y en un circuito tradicional, no semiurbano como el de Melbourne, con calor en unos momentos y con lluvia en otros, han dominado de igual forma que lo hicieron en la cita inaugural. Se ve que el difusor funciona bien en todo tipo de condiciones de carrera y que el agarre adicional que proporciona facilita también la conducción en mojado. Button, con independencia de que todavía no ha visto una bandera a cuadros en condiciones normales, es un merecido líder de este Mundial. Por otro lado, y en lo referente a Fernando, decir que comienza el Mundial de forma muy similar a como lo hizo el año pasado. Tiene serias dificultades para llegar a la Q3 y una vez en ella se la juega a estrategias de sobrecarga de combustible, es decir, estrategias a la defensiva, a la aventura. Lo mejor del fin de semana fue su espectacular salida, pero ello evidenció que el R29 no es un monoplaza para ir tercero. Para mantener ese puesto, Fernando ha de pilotar por encima de las posibilidades de su máquina y eso, tarde o temprano, se traduce en errores como los que permitieron a Raikkonen o Weber adelantarlo.