Nueve millones de jubilados, o eso dicen, han recibido ya la tan cacareada "bufanda" con la que el Gobierno ha tapado la boca a los pensionistas y no para que no se resfríen, sino para tratar de paliar el devastador aumento que sobre sus economías tiene el Ipc. Lo que el Gobierno les ha aumentado por aquí, la alimentación y otros productos

de primera necesidad se lo siguen llevando por allá. Nos quejamos y se quejan los jubilados y pensionistas de que todo sube, menos los sueldos; para acallarlos, se les ha largado esta propinica de la que se blasona como si fuera el gordo de la Lotería de Navidad cuando en realidad es pura pedrea.

Ni para el cafelito que los bares y cafeterías ya se han encargado de subir más allá de lo que recomienda la prudencia van a tener, con lo cual la inflación seguirá soliviantando al ministro en funciones de la res económica. Si del pan y otros alimentos hablamos, mejor callar, más que nada para no amargar el dulce de este efímero caramelo que, generosamente, el Gobierno ha regalado a los pensionistas. Un caramelo envenenado.

Cree el Gobierno que con cualquier "chuche" los va a callar, como si fueran críos. Se han aprendido aquello de que "los viejos, dos veces niños" y venga de gominolas y chupa chups. No se han dado cuenta de que los niños de hoy día son muy espabilados, son incluso contestatarios y con coeficientes intelectuales muy superiores a sus edades respectivas, de ahí que no traguen con cualquier golosina que se les ofrezca.

Claro que esto no es nada para lo que se viene prometiendo en la precampaña esta que dura ya demasiado, cuatro años. Llevamos de precampaña mucho tiempo y los árboles no dejan ver el bosque. Me refiero a los árboles de las promesas porque adentrándonos en el bosque de la realidad comprobamos con horror que es devastadora.

No va a bastar ni con una bufanda detrás de otra. No va a haber lana suficiente para tejer todas las bufandas que van a hacer falta hasta equiparar sueldos y precios al consumo.

De momento la bufanda en cuestión ha sido bien acogida, como si de un regalo real, entendiendo por tal de los Reyes Magos, se tratará. Pero lo de los Reyes Magos dura una noche y poco más va a durar la ilusión de los receptores de la misma. En cuanto comprueben que todo sigue igual, volverán al cabreo que ya empieza a ser consuetudinario a las clases precarias. Tanto hablar de los mileuristas en clave de juventud y poco o casi nada se dice de los pensionistas y jubilados en clave de senectud, nueve millones con derecho a voto, que cobran menos, mucho menos que un mileurista. Pensionistas y jubilados que ni con la promesa electoral del presidente Rodríguez, de subir las pensiones si gana, podrán salir del atolladero económico en el que se encuentran.

Y como ellos, todos los demás. Encima, llegan los de los créditos fáciles, también con caramelos en el mensaje y, al final, acaban por perder el crédito y ganar todo lo demás, justo todo lo que se puso en prenda para conseguir los tres mil, seis mil y ocho mil euros con los que salir adelante ante un imponderable excesivamente largo en el tiempo. Esto es una mierda, palabra. La bufanda también lo es. Con cuatro euros quieren arreglar lo que los precios han desarreglado en la economía de los españoles, de unos más, como los pensionistas, y de otros menos, como todos los demás, aunque todos figuremos en el cuadro de afectados. Y, encima dando gracias por poder cobrar la pensión, porque hubo un tiempo...

A los que habitan la España donde estos días reina el frío, la bufanda habrá venido ligeramente mejor, hasta que de nuevo luzca el sol como en el resto y su luz ilumine a la susodicha: pura propina, pura pedrea.