Ahora que las circunstancias económicas habían perfilado al PP en mejores condiciones de poder ganar las elecciones de marzo, las listas de candidatos han abierto un clima de tensión interna en el seno del partido que se refleja en el cierto y evidente malestar que predomina actualmente entre sus bases y, lo que es más peligroso para ellos, entre sus propios votantes. Lo cierto es que las encuestas realizadas tras la polémica no inclusión de Ruiz Gallardón entre los aspirantes a un escaño en el Congreso, recogen una importante bajada en la intención de voto que vuelve a alejar a los populares.

Y es que según sondeos, el alcalde de Madrid es el político mejor valorado de España al día de hoy, muy por encima de su jefe Rajoy, pero no sólo porque también supera claramente a Zapatero y a todos los miembros del Gobierno socialista. Casi un sesenta por ciento de los consultados piensan que el PP se ha equivocado, y de ellos casi el cincuenta por ciento se confiesan votantes del partido de Rajoy. El mismo Fraga, que sabe muy bien todavía lo que dice, ha vuelto a insistir en que esta decisión costará votos y no solo en Madrid. Pero ya lo único que cabe hacer es esperar, tras los comicios, la decisión de Ruiz Gallardón. Hay quien cree que, como anunció, abandonará la política, pero para fundar un partido de centro que cubra tan importante ausencia, rompa con el feroz bipartidismo español, y sirva de enlace tanto como con la derecha con la izquierda. Sería una buena idea, pero parece Ruiz Gallardón lo suficientemente inteligente para, una vez pasado el calentón de la exclusión, seguir como alcalde de Madrid, sobre todo si Rajoy pierde otra vez las elecciones, en cuyo caso el PP tendrá que buscar un sucesor, que esta vez no deberá designarse a dedo sino democráticamente, en cuyo caso Ruiz Gallardón tendría muchas opciones de alzarse con el liderazgo al que aspira.

Otra de las causas del malestar detectado es la inclusión de Manuel Pizarro como número dos, tras Rajoy, en la candidatura madrileña al Congreso. En los sectores centrados, que los hay, del PP se considera al ex presidente de Endesa un símbolo del capitalismo, y más cuando se ha llevado al cesar en su cargo, como indemnización, la friolera de quince millones de euros, 2.500 millones de pesetas, mientras los trabajadores despedidos, como ha dicho Rubalcaba, cobraban 45 días por año trabajado. Y Pedro Solbes ha comentado que no puede ser la misma la visión de la economía que tengan Pizarro y cualquiera de los millones de trabajadores españoles mileuristas. Lo cual es más que evidente. Hasta en Zamora no se han recibido bien estos cambalaches de Madrid, aunque aquí, además, se cuenta con el plus especial de malestar producido por las designaciones de Vázquez y Arístegui como candidatos al Congreso, pues se considera casi insultante el círculo cerrado, sin posibilidades para los militantes, que se mantiene en las listas, abierto únicamente para dar paso a un cunero. Ya se sabe, además, que Zamora, de entrada, por temores, inseguridades y complejos, suele rechazar cuanto llega de fuera.