Entre la convocatoria de elecciones generales, el fichaje de Pizarro, la derrota de Gallardón, las indiscreciones de Aguirre, la entrevista-río de Pedro J., y demás sucesos nos hemos olvidado que este 2008 ha sido declarado Año Internacional de la Patata. Como lo lee. El más humilde y arrastrado de los tubérculos ha sido elegido por las mismísimas Naciones Unidas del señor Ban Ki-moon como el protagonista de este año de gracia en el que nos encontramos. En este bisiesto, a través de diversas actividades, se difundirá el valor de este alimento clave para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, un plan convenido por todas las naciones del mundo y todas las instituciones de desarrollo más importantes. Estos objetivos, ocho en total, han galvanizado esfuerzos sin precedentes para ayudar a los más pobres del mundo.

Según la Onu, los Objetivos pasan por erradicar la pobreza extrema y el hambre, lograr la enseñanza primaria universal, reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el VIH/Sida y el paludismo y garantizar la sostenibilidad del Medio Ambiente entre otros. Pues bien, la patata es fundamental para que cinco de esos ocho objetivos se hagan por fin realidad. No estaría nada mal que se lograse todo ello. No estaría nada mal que se acortasen la flagrantes diferencias existentes entre el norte y el sur, no estaría nada mal que se hicieran realidad esos ocho mandamientos que todos deberíamos observar para que con nuestro apoyo se erradicara, lograra, promoviera, redujera, mejorara, combatiera y garantizara todo lo que la Onu se ha marcado como objetivo. La patata es un valioso instrumento para conseguirlo.

Hay quien considera a este humilde tubérculo como un alimento pobre. No entiendo mucho de esas cuestiones pero, sin embargo, es resistente a condiciones climáticas complicadas, es un cultivo muy noble y sobrevive fácilmente a las plagas, aunque no esté exenta de sufrirlas y, ¡qué caramba!, porque no sólo de arroz vive el hombre. El arroz es la foto-fija que nos llega procedente de todos esos países donde es alimento único, donde siempre comen lo mismo aunque se pertrechen de muchos platos, porque el arroz forma parte del primero, segundo, tercer plato y hasta del postre. Y ya está bien de ver ese mísero maná del Tercer Mundo, cuántas veces plagado de moscas, que hombres, mujeres y niños tienen como único alimento.

Del arroz no ha dicho nada la Onu. Sin embargo nos ha recordado que la patata es el cuarto alimento básico del mundo con una producción de 323 millones de toneladas anuales, la mitad de ellas en los países en desarrollo. Nos ha recordado también el dispar consumo que se hace de la patata. En Europa está en los 93 kilos por habitante y año, cifra que tiende a un pequeño descenso, mientras que en los países en desarrollo se consumen 21 kilos por habitante. Además las patatas contienen abundante vitamina C, proteínas y muchos carbohidratos, por lo que son una buena fuente de energía. Solo por eso merece la pena que se haya bautizado con su nombre este 2008 lleno de sorpresas en todos los órdenes y sentidos.

Lamentablemente los países desarrollados que son los que verdaderamente se deben implicar acabarán pasándose unos a otros la patata caliente de las ayudas y haciendo caso omiso de las recomendaciones de la Onu. Es más cómodo, pero menos fructífero, mirar hacia otro lado y si te he visto no me acuerdo. Hablamos de patatas, que no de caviar, pero ni por esas. Y, algo hay que hacer. En 2030 vamos a ser ocho mil millones de personas en el mundo. O de aquí al 2015, fecha tope de la Onu, se cumplen los Objetivos de Desarrollo del Milenio o habrá problemas, en el sur pero también en el norte, en el hemisferio pobre, pero también en el rico. No hay que tomárselo a broma. En el año de la patata puede estar la solución.