Los políticos liberales de Zamora se han tomado hace unos días su particular "dos y pingada" para celebrar la resurrección del liberalismo, después de que la derecha mundial proclamara la muerte de las ideologías y la existencia del pensamiento único.

No sólo eso, sino que los miembros del denominado Foro Liberal han tenido que volver del otro mundo porque -según ellos mismos dijeron- en Zamora andaban sueltos y amenazantes los zombis de la izquierda anterior a la caída del muro de Bedín, cuyas voces se adueñaban del espacio público, aunque se supone que provenían de ultratumba.

Va a resultar entonces que las ideologías no estaban muertas, como insistía la derecha política, sino que estaban tomando cañas unos y dando caña los otros, y ha bastado que desde la izquierda se planteara la propuesta de hacer una suscripción entre el pueblo para intentar erigir un sencillo monumento a los represaliados del franquismo, para que el liberalismo reaccione con otro más grande y más institucional bajo la "excusa" de las víctimas del terrorismo... Ya, ya, que no es eso. Pero antes de que nadie se ofenda, voy a intentar explicarlo.

Digo la excusa o el pretexto porque el franquismo ejerció uno de los peores terrorismos, el de Estado, utilizando todos los resortes del poder y del terror para reprimir, encarcelar y asesinar a quienes se oponían a una dictadura impuesta por la fuerza brutal y no la pacífica de las urnas democráticas.

Por eso todos los represaliados del franquismo podrían estar (y de hecho van a estar pese a quien pese a ambos lados) representados en un monumento en memoria de las víctimas del terrorismo, aunque en este momento histórico esa denominación se restrinja a las personas asesinadas por ETA tras la aprobación de la Constitución, o incluso un poco antes, la Ley para la Reforma Política, que transformó España en una democracia.

Por otra parte, la izquierda de este país también apoyaría cualquier homenaje (y de hecho asiste a las tristes concentraciones cuando ETA mata) a las víctimas del terrorismo de ETA, si no fueran utilizadas por la ideología de las dos derechas, liberal y tradicional, para oponerse a cualquier solución dialogada, pese a haber hablado con ETA cuando estaban en el Gobierno.

Es curioso, porque de ese diálogo fuimos testigos de primera fila y comiendo pipas en Zamora, cuando Mayor Oreja venía en Semana Santa a ver, oír y desfilar con el entonces amigo obispo de Zamora, Uriarte, y después denostado como obispo de San Sebastián. Desde entonces, fue nombrado hermano honorífico de la Cofradía del Silencio, y nunca volvió a hablarse de aquellas conversaciones, haciendo honor al juramento.

A veces las ciudades donde nunca pasa nada como ésta nos sorprenden: se inicia una negociación para resolver asuntos de Estado como el terrorismo, o resucitan las ideologías como un milagro que niega la muerte de las ideas políticas.

Así que vuelve el liberalismo para confrontar ideas en la sociedad y para hacer de Zamora una ciudad más monumental, erigiendo un monumento mucho más grande que el que puedan tener los represaliados del franquismo y con mucho más dinero; porque a los neoliberales, los neocapitalistas y los neoconservadores no hay quien les gane en cuestiones de capital financiero,

y más si se obtiene del dinero de todos a través de las instituciones.

Bienvenidos al mundo de los vivos, los que nunca estuvisteis muertos sino más "vivos" que nadie. Los de la izquierda nunca enterramos nuestra ideología, ni nos enterrasteis.

Cuando queráis, hablamos; que las palabras duelen pero no matan.