Lo ha dicho bien clarito el consejero de Sanidad, Alvarez Guisasola: si aumenta la población lo suficiente y fuera necesario, no se haría un nuevo hospital en Benavente y comarca, sino los que hicieran falta. Así que ya saben en qué tienen que ocupar el ocio los ciudadanos en edad de procrear que residan en Sanabria, en la Carballeda, en el Páramo, en Los Valles, en Villalpando y en la capital de la comarca. Que yo sepa, el último recuento de potenciales usuarios del hipotético hospital que se hizo en esa área superaba los 80.000, aunque delimitar la zona de influencia, al margen de la oficialidad, es algo muy aleatorio y hasta interesado. Depende de quién lo haga. Por eso, quizá, el procurador Martín Benito, que sabe cómo sacar de sus casillas a los populares de aquí y a los de la Junta, ha preguntado en las Cortes qué aumento de población considera el Gobierno que es necesario para merecer un centro hospitalario, no vaya a ser que los benaventanos se metan en la faena de engendrar y se les vaya la mano, o lo que sea, ya que la superpoblación también genera problemas, como estamos viendo con el topillo. Y ya de paso, y como quien no hace la cosa, el procurador se interesa por el número de habitantes vinculados a los hospitales de Medina del Campo, Aranda de Duero y Miranda de Ebro, que creo que también caen por esta comunidad.

No solo un hospital, sino los que sean necesarios. (Eso me recuerda un poco a lo del puente sobre el Duero en Zamora: nada de uno; dos puentes nuevos, como mínimo). Pero no quiero desvariar. Hay que reconocer -y en esto comulgo con los protestones de la Mesa de la Sanidad- que el consejero y médico Alvarez Guisasola ha sido el primero de los responsables políticos que le ha echado valor al envite y ha dicho claro que con la reforma del hospital comarcal, Benavente va que chuta y bien servido. Acostumbrados como estábamos al afán por enredar y por tomarnos por tontos del consejero economista César Antón, que ni decía so ni arre y que encima nos chuleaba, el nuevo responsable de la Sanidad ha sido contundente (al margen de la broma inicial) con unas palabras que tienen fácil traducción: las necesidades asistenciales actuales no justifican de ninguna manera construir un hospital nuevo en la zona, así que no se hará mientras no cambien las circunstancias.

Aunque parezca mentira, nadie hasta hoy había dicho algo parecido. Nos han ido dando largas: que si ya veremos, que si a medio plazo, que si primero hay que reformar el viejo, que si objetivo irrenunciable... y esas cosas que retoma ahora el delegado de la Junta en Zamora, como si fueran novedosas, de que a ver qué nos creemos, que un hospital no es sólo un edificio, sino buscar y fichar médicos y mucho personal sanitario, dotarlo de especialistas, más recursos para mantenerlo, un pastón fijo anual lejos de nuestras posibilidades. Y que no digan que no ha habido modificaciones en la postura oficial. Alvarez Guisasola ha dejado clarito lo que nunca se han atrevido a decirnos de frente el anterior consejero, el propio presidente del Gobierno regional ni nadie del PP de por aquí. De hecho, los populares benaventanos insisten en que "en ningún momento descartan" un nuevo hospital. Seguirán esperando a que se den las condiciones que ha puesto el médico consejero: que las gallinas críen dientes y que las ranas críen pelo. Y se tienen que producir ambos prodigios.