Concluida la legislatura y disueltas las Cortes, todo ello de modo ya oficial, comienza la precampaña electoral para los comicios de marzo, aunque en realidad hace mucho tiempo que se lleva a cabo. A partir de ahora, los discursos y los mítines electoralistas coparán la actividad política que se intensificará al máximo dentro de un mes aproximadamente, cuando se inicie la campaña.

Los partidos, mientras, ultiman las listas de sus candidatos, aunque algunos como el PSOE zamorano ya dieron a conocer sus cabeceras de candidaturas con antelación: los inevitables Jesús Cuadrado y Ana Sánchez. Por su parte, el PP provincial está a punto de dar a conocer los suyos, donde se espera algún cambio y alguna novedad aunque tampoco faltará algún inevitable. Es igual, porque la composición de las listas, que causa una intensa efervescencia interna, importa bastante poco, sin embargo, a los electores, a los que no queda otro remedio que votar partidos y no candidatos.

La batalla, por lo que parece, se va a centrar en esta ocasión, principalmente, en temas tales como la economía, la gestión social, la situación familiar y por supuesto: el terrorismo y la política territorial, aunque se cree que va a ser lo referido al bolsillo el eje principal de la avalancha electoralista que se avecina. El PP se va a aferrar a ello con todas sus fuerzas, aprovechando una coyuntura que se le ha puesto favorable. Por su parte, al PSOE apenas le quedan recursos y justificaciones ante la dura realidad, por lo que acusa a sus adversarios de pretender meter el miedo en el cuerpo a los votantes manipulando la situación. Claro que eso le da la respuesta hecha a Rajoy, quien asegura que lo que da miedo a la gente, en verdad, son las hipotecas y los precios.

Y así es, pero no sólo, porque existen otros problemas colaterales que van a ser manejados exhaustivamente por unos y otros durante la próxima campaña. Zapatero y los suyos incidirán en el cultivo de políticas sociales, como el acceso a la vivienda y la conciliación laboral y familiar, mientras desde el PP se promete una más eficaz gestión que derivará en una economía más boyante para todos, con más empleo y menor fiscalidad. Mas, en general, todos coincidirán en los mismos problemas, incluso en aquellos que se esquivan tanto desde el PSOE como desde la parte popular, caso del aborto, del divorcio, o del matrimonio homosexual, pues son temas espinosos que pueden restar votos.

Con ligera ventaja de Zapatero en las encuestas, pero con una ligera ventaja de Rajoy en la calle, tan leves que se consideran como un empate técnico, todas las expectativas están abiertas y cualquiera puede ganar o perder. Lo que parece indudable es que será por escasa diferencia en cuanto a número de escaños, con lo cual la patente falta de unidad en los grandes asuntos de estado, caso del terrorismo y de la política territorial, volvería a ponerse de relieve una vez más. Tanto que incluso circulan por ahí globos sonda referidos a un hipotético gobierno de coalición de derecha e izquierda, como en Alemania, del que nadie quiere oír hablar y que parece algo imposible en España.