Cada vez que se hace público el estudio sobre el sistema educativo llamado Pisa, corren ríos de letras escandalizándose de la falta de formación de nuestros chicos más jóvenes, pese a que este informe y otros demuestran que se lee poco, y de este poco se entiende la mitad.

Los unos se echan la culpa a los otros: la derecha a la izquierda; la oposición al gobierno y viceversa; ambos a los educadores; estos a los padres; la madre al padre y al revés en cada casa; todos a la televisión; la tele a los ordenadores y a la "play" o al móvil... a la nuevas adicciones que sustituyen al desayuno con aguardiente del frío invierno y al nefasto juego de la baraja, que antes entretenían al chaval de los libros y las cuentas.

Sin embargo, pasan desapercibidas otras estadísticas que nos dicen que cuatro de cada diez zamoranos, y más si son mujeres, son analfabetos, y que son las personas mayores las que tienen menor nivel de estudios y de conocimientos.

A nadie se le ocurre decir que estas personas tuvieron malos maestros. Mucho menos que sean torpes o vagos, porque pese a su falta de estudios se las han arreglado para sacar adelante a su familia en los tiempos difíciles a base de esfuerzo, y para resolver los problemas cotidianos han demostrado un nivel intelectual equiparable al de un genio.

Fueron las circunstancias las que impidieron que los más viejos aprendieran cuando eran niños: la pobreza, la guerra, el trabajo prematuro, la pena, la persecución, el exilio? los condicionantes sociales y políticos que marcaron la infancia de muchas generaciones, cuando tampoco existía escolarización obligatoria.

Por eso no se debe descartar la influencia de la sociedad que hemos hecho los mayores en la educación de los niños, y en su presunto fracaso, que es el nuestro.

"Nuestros niños no entienden lo que leen", dice Pisa. ¿Pero es que aún leen? En las aulas se sustituyeron los libros y cuadernos tradicionales por "fichas" con ejercicios que no obligan a leer más de dos renglones y se contestan con menos de escritura. Ahora se están cambiando por los mismos ejercicios en el ordenador, con lo que el manejo de lapicero y la caligrafía se destierran a favor de toquecitos de los dedos sobre el teclado y arrastre del ratón en una pantalla. Lo mismo sucede en casa, donde lo audiovisual y lo telemático han reemplazado a la carta semanal a los abuelos, al tacto del libro y hasta del álbum de fotos.

¿No entienden lo que leen? Puede, porque no practican. Pero entienden el funcionamiento de las máquinas con una facilidad pasmosa, nos dan clases de Internet, se manejan en inglés y algún otro idioma... Estudian cosas diferentes a las que aprendimos nosotros "a la fuerza"

-hay que reconocerlo-, y aunque todas nos han servido pese a que lo dudábamos entonces, lo mismo sucederá con ellos.

De nada sirve sentir nostalgia porque nuestros hijos no aprendan los que a nosotros nos entusiasmó, porque ellos tienen que encontrar su camino al entusiasmo del saber.

Más me preocupa que nadie se escandalice por el elevado porcentaje de analfabetismo entre los zamoranos, seguramente porque son mayores, y en esta sociedad a nadie le importan los más viejos salvo a la hora de votar. ¿Cómo es posible que se acepte con normalidad el analfabetismo entre los mayores, mientras consideramos inaceptable el fracaso escolar de los jóvenes, pese a que todos saben leer?

Aquí está la otra explicación al informe PISA: los valores o modelos sociales que transmitimos a nuestros pequeños. El dinero, el éxito, la fama, la competencia... No la solidaridad, la admiración por las artes, por la ciencia... Preguntad a un niño -y preguntémonos nosotros- si conocen a alguien que destaque por sus conocimientos. Nadie es famoso ni digno de nuestra admiración.

Tampoco si es viejo. Por eso a nadie preocupa su analfabetismo. Es como si ya no fuera "su época", como ellos dicen. Pero las épocas son de todos los que vivimos a la vez en el mismo tiempo, y nadie merece estar condenado a no saber.

Yo admiro a mis alumnas, mayores, porque han decidido aprender en esta época que es la suya.

Respecto a Pisa, por favor, que amplíe su informe a todos, para que sepamos el estado real de la Educación.