Entre el agua que se bebe en la ciudad y los sueldos de los concejales ya ha habido tema de conversación para el fin de semana en Zamora. También de la nieve caída se habla, claro, pero el fenómeno climatológico no es asunto que preocupe ni que levante polémica. Si el agua del grifo que se consume en la capital no es potable, como afirma la OCU, o sí lo es, como se asegura, sin ninguna duda, desde el Ayuntamiento, es cosa sin embargo que ha llamado poderosamente la atención de los ciudadanos zamoranos, casi tanto como el conocer los salarios de los ediles.

Respecto al agua, no es tampoco que se haya llegado a tanto como crear una alarma social injustificada, como exagera el equipo de gobierno municipal, aunque hayan aumentado las ventas de agua mineral, pero es evidente, como ayer se decía, que ha existido y existe en la calle una cierta inquietud y un cierto confusionismo. Acusa el Ayuntamiento a la Organización de Consumidores y Usuarios de hacer afirmaciones arriesgadas demasiado a la ligera, y puede que en ello lleve razón. Pero tampoco vale que como aclaración inmediata, la aclaración que requería el caso y demandaba la sociedad de Zamora, se aduzca ahora que el análisis de este mes de febrero registra 62 microgramos de trihalometanos por litro, muy por bajo de los 150 permitidos como máximo, toda vez que las pruebas de la OCU se refieren exclusivamente al mes de septiembre del pasado año cuando, según la organización, la analítica efectuada superaba ese límite de los 150 microgramos. Por lo cual lo que tiene que hacer el Ayuntamiento es mostrar el análisis que por parte municipal se hizo de las aguas en ese mismo mes de septiembre, no en otros, y contraponerlo al llevado a cabo por la OCU. Así de fácil y ello puede que ayudase a salir de unas dudas que no se acaban con amenazas de exigir responsabilidades.

En cuanto a los sueldos de los concejales, y aunque el personal en este sentido ya está curado de espanto y no se asombra de nada, lo cierto es que son muy comentados los sustanciosos salarios que algunos, sólo algunos, los cuatro liberados del PP, perciben y que no bajan de los 40.000 euros anuales en tres de los casos, o sea más de tres mil euros al mes, medio millón bruto de las antiguas pesetas. Unos sueldos muy por encima de lo habitual en Zamora y que, además, resultan injustos al máximo entre ellos, pues no todas las dedicaciones ni las áreas de las que son responsables ocupan el mismo tiempo ni dan el mismo trabajo. Si a ello se añade lo que cobra el resto de la Corporación, en concepto de dietas y otras asignaciones, resulta que cada año se pagan del erario público 300.000 euros, unos cincuenta millones de pesetas, a los concejales. Y si se suma el dinero que cobra el llamado personal de confianza de los distintos grupos, incluido un hipotético defensor del vecino que también existe aunque nadie lo sepa, el montante del presupuesto se acerca al medio millón de euros anual a cargo de los contribuyentes. Demasiado para el Ayuntamiento de una ciudad tan pequeña y sin recursos. No es de extrañar tantas y tan fanáticas vocaciones políticas como aparecen, ni las consiguientes luchas por el poder.