Kevin Warwick, catedrático de Cibernética de la Universidad de Reading, es capaz de mover un brazo robótico mediante el impulso de sensores instalados en su sistema neuronal. En román paladino, el científico es capaz de ordenar acciones a ese brazo de ciencia ficción mediante señales de su cerebro, a través del pensamiento: telepatía electrónica. Lo acaba de demostrar en el campus Party de Valencia: parece de película pero es tan cierto como que el Duero baña Zamora. ¿Se imaginan un apretón de manos de semejante ingenio metálico? Te dejaría los dedos derretidos como mantequilla. ¿O un ladrón de guante blanco manejando ese brazo que cumple órdenes sin discernir la moralidad de los actos que se le ordenan? Te robaría la cartera y te dejaría en bragas. ¿Y un ejército de robots diseñados para matar? Tamaño brazo armado resultaría invencible. La religión del porvenir está vinculada a estos engendros sin alma. En el futuro, no habrá más brazo incorrupto que el brazo cibernético de Kevin Warwick. Es el "chip" de la cuestión.