Opinión
Lavanderas de Valorio
"Yo no quiero que vayas/ a Valorio a lavar/ que los mozos que pasan/ no dejan de mirar". Más de una vez le oí cantar esta jota a mi generosa patrona, la señora Virginia, cuyo bonito nombre luce en la portada de una tienda de San Torcuato; todo el mundo la conoce y la quiere en Zamora, pero pocos saben que es una portuguesiña nacida en Aguasvivas; aquí casó con un tipógrafo que mereció ser llamado Santo Toribio de Bretó. Un día con permiso o sin la venia de sus hijas Tere y Chonita contaré la historia de esta familia de bíblica ejemplaridad; no está mal que alguna vez el hombre escriba de su gente, y ésta es parte de mi gente.
Mientras limpiaba la casa, la señora Virginia alegraba la cuesta de Riego con las canciones de su amplio repertorio que -así lo creo- no incluía la marchosa "Lavanderas de Portugal". Por motivos de pública honestidad, no quería el enamorado de la jota que su amor lavara la ropa en el arroyo de Valorio. Algo nos dice de la erótica postura de las lavanderas el novelista Pedro Alvarez; el artículo que dedica al tema en
"El humilde vivir", se entretiene en contar bellaquerías más que en describir pormenores del oficio. Tan popular en Madrid como el aguador y la castañera fue la lavandera que diariamente se afanaba en dejar relimpia la ropa en los Lavaderos del Manzanares, repetidos en estampas como muestra de tipismo; retratada por Goya, contó con la atención municipal y la ayuda de Doña Cristina, la Reina Regente que, adelantándose a los tiempos, regaló una guardería a las sufridas lavanderas del Manzanares, una guardería para sus hijos. Tal vez Valorio sea un trasunto del Manzanares por sus limitados caudales; pero los poblados lavaderos madrileños no admiten la emulación del zamorano. Dos mujeres lavan en Valorio cuando Gutiérrez Somoza tira la foto que se publicó ayer en "Zamora en imágenes". Un tanto rimbombante, el llamativo pie: "El terciario de la miseria". Convertir en figuras emblemáticas de la miseria a dos lavanderas parece excesivo; ¿qué diría la pareja? Cierto que ellas son dos trabajadoras por cuenta ajena como la Virgen María del demagógico villancico nicaragüense que nos trajeron Los de Palacahuina: "Ella va a lavar/ muy humildemente/ la ropa que gosa/ la mujer hermosa/ del terrateniente". Puestos a divagar, ¿quiénes serían los ricos propietarios de los calzoncillos de pata larga que restriegan contra la ondulada tabla estas lavanderas arrodilladas sobre la banqueta?
Lavar no siempre era oficio de pobres asalariadas ni signo de pobreza absoluta sino de atraso; no se había inventado la eficacísima lavadora. La mayor parte de las amas de casa lavaban la ropa de la familia. En invierno dentro de la casa, utilizando la artesa y colgando la ropa húmeda en el tendedero improvisado junto a la chimenea. El día de la colada, olía la casa a jabón "Lagarto" de la casa Lizarriturri y Rezola (si mal no recuerdo), al duro de "Muro", al blanqueador azulete, a lejía. En la primavera en cuanto corría el regato, llegaban las mujeres con el cestón de ropa a la cabeza sobe el rodete protector, con la tabla de lavar, la banqueta, la almohadilla, y el sustancioso bocadillo si, como se decía, "la iban a echar larga", de la mañana a la tarde. No había una reina que les ayudara, pero algunos ayuntamientos procuraban facilitarles el trabajo. En mi pueblo, alrededor del pozo que hay detrás del castillo existían unas grandes pilas de piedra a disposición de las lavanderas. Había que llenarlas con agua del pozo y más de una vez me llevó mi madre para que le diera a la manivela. Para ella, madre de ocho hijos, la lavadora eléctrica trajo la verdadera liberación de la mujer, como la concentración parcelaria significó la esperada revolución agraria.
Para más de un zamorano la estampa de las lavanderas de Valorio será motivo de sorpresa. ¿es que por el esmirriado arroyo corría agua suficiente para hacer la colada? Pues claro que sí: lo afirma la imagen que, como se sabe, vale por mil palabras. Y lo atestigua el folclore que es la confesión del pueblo. Comenzaba la jota recordada: "Si se te mancha la ropa/ después de haberla lavado/ tus padres te reñirían?". La letra tiene miga, como la prohibición del novio que no quiere que la novia vaya a lavar a Valorio. Ya decía el tejero que "todo tiene su aquel". Aún en tiempos de mayor inocencia.
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