19 de octubre de 2005
19.10.2005

Desde Vega del Castillo

18.10.2005 | 02:00

Vega del Castillo es uno de esos rincones de nuestra geografía en los que llegar hasta ellos exige una decisión y un esfuerzo. En ese rincón te sientes tan emocionado y tan satisfecho de haber llegado que te olvidas del camino y del esfuerzo. Su topónimo responde a su geografía, es un valle por el que corre un arroyo y al fondo del cual te encuentras con Vega, un lugar bello escondido para quedarse, para sentirse atraído por una naturaleza que engancha. El caserío es una especie de sueño y arriba, como asiento del primitivo, se encuentra el Castillo que le da apellido.
La Cabrera Baja, límite de provincia, y uno de los primeros asentamientos camino del Duero, va a definir desde la Alta Edad Media lo que hoy conocemos como La Carballeda. Recorrer esas praderas es una tentación para los aficionados a la montaña, al paisaje y a la geografía atractiva.
Vega del Castillo, como tantos otros lugares de nuestra geografía, ha lanzado a los cuatro puntos cardinales a sus hijos y hoy llega hasta nosotros uno de ellos, Gabino García Vega, que sale de su pueblo dispuesto a conquistar espacios. Gabino nos ofrece sus memorias, ese tipo de relaciones personales a través de las que uno se enfrenta a la evolución de una sociedad, a las inquietudes de una generación y nos ofrece esa serie de detalles, de circunstancias y de ambientes que ni los documentos reflejan ni la literatura costumbrista nos ofrece.
Gabino nos lleva a etapas de nuestra historia vividas después de 1939. Gabino vende telas cargado con piezas y recorriendo pueblos a pie, de puerta en puerta, ofreciendo sus escasas variedades, dada la penuria que se vivió en aquella triste y oscura década. Gabino al final, resultándole pequeñas sus tierras y nuestras tierras, salta a otras provincias y a otras regiones para terminar su epopeya ambulante en tierras de Toledo, concretamente en Nambroca, donde su espíritu de comerciante puro le asienta definitivamente en un comercio que hoy todavía cumple la misión encomendada por su fundador.
A lo largo de sus años y de sus vicisitudes, Gabino nos cuenta y escribe situaciones personales, pero al mismo tiempo nos describe toda la rica gama de personajes con los que se ha relacionado por tierras y gentes, auténtica lección de humanidad, de reacciones sociales de tipos y de paisajes, de estilos y de relaciones.
Pero Gabino, ya en la edad del descanso, vuelve a Vega y una gran parte del año pasa en ese rincón que yo diría que más que para vivir es para soñar. Allí, en ese retiro espiritual, Gabino descansa, reconstruye con su actividad y sus recuerdos parte de la cruda realidad de Vega y en sus ciento sesenta y tres páginas nos deja un cuadro humano, sociológico, histórico y hasta político de una de las etapas más dramáticas.
Sin más aspiraciones que dejar claramente expuestas las vicisitudes de su vida, de la vida de un luchador y de un trabajador nato, sin más aspiraciones que recordar a su pueblo al que dedica todos sus recuerdos y vive y siente con él hasta en los momentos más duros y en las situaciones más delicadas, Gabino se ha entregado a las generaciones de Vega dispersas por toda la geografía de la península pero localizado en un grupo muy importante en el corazón de la Mancha. Vega del Castillo estará presente a través de las memorias de Gabino en este tipo de literatura que tantas cosas descubre y nos enseña completando con sus aportaciones. Gracias Gabino.

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