Sara Carbonero ha abierto su corazón para recordar cómo afectó a su autoestima las secuelas del tratamiento contra el cáncer de ovario que le diagnosticaron en 2019 -la pérdida de su característica melena, de sus cejas y sus pestañas- y cómo vivieron sus hijos Martín y Lucas -que ahora tienen 10 y 8 años- el cambio físico que experimentó durante su enfermedad.

Un recuerdo que ha venido a su mente al hacerse varios selfies en el espejo -imágenes con las que ha acompañado su post- porque "quería probar unas luces nuevas". Este ha sido el punto de partida para que Sara confiese que "cuando me miro al espejo lo hago para tomar conciencia de mí misma, lo utilizo como herramienta clave para mejorar mi autoestima". "Por causas de la vida, ya he transitado épocas en las que huía de ellos porque no reconocía a la persona que me mostraba el reflejo, llegué incluso a pasar tres o cuatro meses sin mirarme en uno" ha reconocido con una sinceridad aplastante que nos ha encogido el corazón.

"En una de esas, al acabar el sexto y último ciclo de quimioterapia" -en junio de 2019 cuando vivían en Oporto- "yo estaba en la cama, sin poder moverme y mi hijo mayor se tumbó conmigo. Después de mirarme detenidamente, muy raro, soltó: 'Mamá, es que tienes las cejas grises y no pareces tú'" ha relatado, reconociendo que "por entonces, precisamente por no mirarme ignoraba que había perdido todo el pelo de las cejas, que son las que enmarcan la mirada y dan personalidad al rostro".

Un momento complicado en el que como cuenta "no sabía muy bien cómo salir de ahí y se me ocurrió decirle: '¿Y pestañas? ¿Has visto que me queda una única superviviente ? ¡Una! ¡Las más valiente!!' Intentó arrancármela, por supuesto, muerto de risa y empezamos una guerra de almohadas y después, a otra cosa" ha rememorado, confesando que "tengo esa conversación grabada como muchas otras incómodas, en las que gracias a su capacidad de adaptación fue todo menos traumático".

Cinco años después, completamente recuperada, sus pequeños "cuentan orgullosos a sus amigos cuando mamá tenía el pelo 'como un chico'". Pero el día que le "vieron así por primera vez", como recuerda, no fue todo tan sencillo: "Les llevé unos puzzles para desviar su atención, como me dijo la psicóloga. Pero no resultó, como dice la canción. No quitaron sus ojos de mí, corriendo incluso alguna tímida lágrima por sus mejillas. Luego, empezamos a buscar fotos de actrices y cantantes monísimas con pelo corto y nos pusimos con el puzzle".

Un trance complicado para Sara que, como desvela, pasó rápido. "Las carcajadas llegaron cuando en ese mismo verano salía en la tele un anuncio de champú que grabé meses antes con mi larga cabellera meneándola para delante y para detrás. El colmo de los colmos. Esto sirvió para que los enanos me imitaran y me animaran:"Ya pronto volverás a hacerlo, mamá. Y además, ya no tendrás las cejas grises" ha finalizado el que sin duda es uno de los mensajes más íntimos y personales que ha compartido sobre su lucha contra el cáncer, que afortunadente superó hace cinco años.