Empezó mal, casi muy mal, pero, como son cocinillas, rebozaron el producto como se reboza un pescado y, siendo el mismo, consiguieron que ´MasterChef´ pareciera otro. El concurso de cocineros que mejor ha funcionado en La 1, remontando la audiencia de una semana a otra, ha alcanzado cifras de récord, echándose pulsos con el descaro de lo nuevo hasta con el cansino 'Gran Marrano' de la Merche.

Limaron el personaje que creó Pepe Rodríguez y, sin quitarle su puntito de perro mordedor, consiguieron hacerlo más creíble; incluso han sabido en el montaje -imprescindible en toda obra narrativa visual como sabemos desde que el cine existe- sacarle jugo a la relación entre el jurado y los concursantes, sobre todo con Maribel, la señora de Benicarló y sus alcachofas.

Los primeros programas no parecían un programa de cocina sino de indios y vaqueros. La final fue apoteósica. Se jugaba entre Fabián, el ´Bizcochito´, de Mallorca, Juan Manuel, camarero, buena gente, de Almería, y Eva, la cordobesa, la alocada, la que ha innovado, la que convertía su intuición en creatividad.

No he seguido ´MasterChef´ al minuto, es cierto, pero he recuperado momentos estelares y, por supuesto, vi la final. Y he descubierto que si ha calado tanto es por la excelencia del montaje, por el acierto de éstos y no otros concursantes, por hacer partícipes a la audiencia de asuntos personales -no desde el lado chungo del concurso al uso, sino desde la gracia y la empatía- y desde luego porque, al final, hemos aprendido a cocinar un poquito mejor.

De Eva González€ bueno, sigue sin ser santa de mi devoción. Juan Manuel ha merecido el premio, y uno, la lección. Me alegra haber vapuleado el programa y ahora reconocer su grandeza.