La llegada de miles de inmigrantes, hasta un total de 8.000, a Ceuta, una cifra sin precedentes en España, puso en máxima alerta al Gobierno. Era consciente de que no era un tema menor y que no podía despacharse con una respuesta lenta, sectorial o deslavazada. Por eso el presidente, Pedro Sánchez, lanzó señales desde el primer momento de que asumía él el mando. Canceló el viaje a París que tenía previsto, mandó a su ministro del Interior a comparecer en rueda de prensa tras la reunión del Gabinete para aportar los datos más técnicos y después protagonizó él mismo una declaración institucional en la Moncloa, sin preguntas, antes de partir para Ceuta y Melilla, para hacerse cargo de la situación en primera persona y entrevistarse con los presidentes de ambas, Juan Jesús Vivas y Eduardo de Castro. A la primera ciudad autónoma también se desplazó Fernando Grande-Marlaska

Sánchez sostuvo que la avalancha migratoria, “inusitada” y “súbita”, es una “grave crisis”, no solo para España, sino para Europa, pues Ceuta, al igual que Melilla, es frontera exterior de la UE. El presidente incidió en que su prioridad es “restablecer” el orden en la zona y en las fronteras “con la máxima celeridad”. "Seremos firmes para garantizar su seguridad [la de los residentes en la ciudad] ante cualquier desafío, ante cualquier eventualidad y bajo cualquier circunstancia", proclamó hasta en dos ocasiones. La "integridad de Ceuta como parte de nuestra nación española, su seguridad y tranquilidad", y también la de los residentes en ella, están "garantizadas por la acción del Gobierno de España, cualesquiera que sean las condiciones y con todos los medios disponibles para ello", aseveró, con tono grave.

El segundo mensaje se dirigió a Marruecos. “País socio y amigo”, sí, "y así debe seguir siéndolo". El "cuidado" de las relaciones bilaterales, recordó, ha formado parte de la política exterior española "desde siempre", y también de su Ejecutivo. Es más, su deseo es "estrechar aún más la relación de amistad" con Rabat, porque los "lazos humanos, históricos, culturales, económicos y estratégicos" llevan a ambos países a "cooperar y trabajar juntos". No lo citó, pero el Consejo de Ministros de este martes aprobó una ayuda de 30 millones de euros para Marruecos destinada a la cooperación policial internacional, para contribuir a la lucha contra la inmigración irregular.

Pero Sánchez avisó de que para que resulte "efectiva" esa coordinación con Rabat, la relación debe "basarse siempre, siempre, en el respeto a las fronteras mutuas", que "es la base sobre la que se construye la vecindad de países amigos y las relaciones fructíferas para ambos". Este era su mensaje más claro hacia Marruecos. La exigencia de "respeto". Poco más. El Gobierno ha eludido en todo momento acusar a las autoridades del reino alauí de pasividad en la vigilancia de las fronteras. Tampoco ha querido relacionar este crecimiento de la tensión a la hospitalización, en Logroño y desde el mes pasado, del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.

El líder socialista intentó trasladar el mensaje de que estaba actuando “con determinación” desde el primer minuto. Primero, con el despliegue del Ejército, en la madrugada del lunes al martes, y con el refuerzo policial. A los 150 agentes y 50 guardias civiles anunciados por Interior el lunes se sumaron el martes otros 50 efectivos de la Benemérita y el preaviso de otros 150 antidisturbios, prevenidos por si fuera necesario su traslado a Ceuta. Y ya se han practicado 4.000 devoluciones, proceso que se pretende agilizar con equipos conjuntos de Extranjería y de la Científica de la Policía Nacional para operar las 24 horas del día. España invoca el acuerdo firmado con Marruecos en 1992 para proceder a las repatriaciones, más complejas en el caso de los menores.

Agradecimiento de Vivas

El Ejecutivo no quiere achacar la tensión a la acogida de Ghali, y subraya que confluyen "múltiples" razones para la crisis

A la línea más pura de control de fronteras, el Gobierno sumó otro frente de actuación: una ronda de contactos, en España y fuera. Sánchez había telefoneado al rey Felipe VI para trasladarle las "líneas de acción" que seguirá su Gabinete, coordinadas por un comité de situación aprobado por el Consejo de Ministros y que preside la vicepresidenta primera, Carmen Calvo. También conversó con el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, y con el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, movimiento al que siguió una cascada de declaraciones de apoyo del Ejecutivo comunitario, empezando por su presidenta, Ursula von der Leyen, y continuando por la responsable de Interior, Ylva Yohansson, y el vicepresidente Margaritis Schinas. El Ejecutivo sabía que debía mostrarse muy proactivo con sus socios de la UE para afrontar la mayor crisis diplomática vivida en el mandato de Sánchez desde su llegada al poder y para demostrar a Rabat que España cuenta con el respaldo europeo sin fisuras.

Puertas para dentro, el jefe del Gobierno conversó igualmente con Pablo Casado, al que prometió mantener al tanto hasta que "vuelva la normalidad" a la zona, y con ello rebajó de decibelios la crítica del PP. Algo que se notó en las palabras del presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, que “agradeció” a Sánchez y Marlaska su desplazamiento a su ciudad en momentos "especialmente difíciles" que han generado "inquietud y preocupación" en sus vecinos tras la entrada de unos 8.000 irregulares, la mayoría marroquíes, en menos de 40 horas. Vivas incluso valoró el "compromiso" del Ejecutivo para "preservar la seguridad en la frontera".

Sánchez leyó un discurso medido al milímetro. Solemne, con recado a Rabat pero sin hacer saltar por los aires una relación que se considera estratégica. El Gobierno se cuidó de lanzar acusaciones directas a Rabat. De hecho, en la rueda de prensa previa con la portavoz, Marlaska sostuvo una y otra vez que las razones de esta crisis son "múltiples" y se están analizando: influyen factores "socioeconómicos", la incidencia de la pandemia o razones "humanitarias", expresión esta última que usa el Ejecutivo para referirse a la acogida de Ghali que tanto ha airado a Rabat.

Sánchez, en su discurso, no se refirió a este hecho. Concluyó con ese mensaje de tranquilidad a los ciudadanos, la insistencia en que la "integridad" de España, sus fronteras y la seguridad de sus residentes serán "defendidos por el Gobierno en todo momento y ante cualquier desafío, con todos los medios necesarios" y "conjuntamente" con los socios europeos.

4.000 repatriaciones

"No vamos a ser simples cuando hablamos de temas muy complejos", había respondido antes el ministro, que como María Jesús Montero no quiso citar siquiera a Ghali. No obstante, Marruecos ha hecho ver su irritación con el ingreso, bajo una identidad falsa, del líder saharui. La embajadora de Marruecos en España, Karima Benyaich, apuntaba este mismo martes a Europa Press que los actos tienen consecuencias y "se tienen que asumir". A raíz de esas palabras, Benyaich fue convocada de inmediato por la titular de Exteriores. La ministra Arancha González Laya le expresó, según relató después a los medios, su "disgusto" y "rechazo a la entrada masiva" de irregulares, le recordó que el control de fronteras es "corresponsabilidad" de España y Marruecos y le manifestó su deseo de evitar que actos como estos "puedan volver a repetirse". También Rabat llamó a consultas a su embajadora en Madrid.

Pero tras ese pico de tensión, al final del día las aguas parecían volver a su cauce: el goteo de entrada se fue reduciendo y Marruecos volvió a cerrar su frontera. Interior contabilizó unas 4.000 devoluciones de migrantes, una política censurada por el socio de coalición de Sánchez, Unidas Podemos. Pero el presidente lanzó la señal de que con una crisis de este calibre no podía haber términos medios. 

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su llegada a Ceuta EFE

Lo ocurrido en las últimas horas hizo saltar por los aires la agenda de la Moncloa. Para empezar, la del presidente del Gobierno, que decidió cancelar el viaje previsto para este martes a París, en el que debía participar en una cumbre de financiación precisamente de África, organizada por el mandatario galo, Emmanuel Macron. A primera hora de la mañana, antes de su comparecencia, Sánchez, en un mensaje en Twitter, ya adelantaba que su objetivo es "devolver la normalidad" a Ceuta su promesa de actuar con la "máxima firmeza para velar por su seguridad y defender su integridad como parte del país ante cualquier desafío".

Diferencias con Unidas Podemos

Las relaciones con Marruecos, en los últimos meses, han pasado por momentos de tensión. El pasado 17 de diciembre estaba prevista una cumbre bilateral en Rabat pero los dos países decidieron aplazar la cita por razones de seguridad sanitaria. Justo cuando el presidente de EEUU, Donald Trump, ya de salida, decidió reconocer la soberanía marroquí sobre la excolonia española. La intención de los dos países era llevar la Reunión de Alto Nivel (RAN) a febrero de 2021, pero al final también se descartó esa opción. La ministra González Laya y su homólogo marroquí, Nasser Burita, acordaron impulsar el encuentro, pero no le pusieron fecha.

La agenda exterior es materia privativa de la parte socialista del Gobierno. Y más en un área tan sensible como las relaciones con el vecino del sur. En noviembre, el entonces vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, pidió un referéndum para el Sáhara Occidental, posición que fue desautorizada por Laya. En aquel momento, la tensión logró reconducirse. Pero esta vez el desencuentro es mucho más grave. También porque Rabat lleva presionando desde diciembre a España y a la UE para que sigan los pasos de Trump y reconozcan su dominio sobre el Sáhara.

Gritos de "dimisión" y abucheos a Pedro Sánchez a su llegada a Ceuta Agencia ATLAS / EFE

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Fuentes del Ejecutivo insistían este martes a este diario en que no se puede mirar lo ocurrido con unas únicas gafas, como la reacción al ingreso hospitalario de Ghali. Recordaban que a Marruecos "le interesa poner el foco" en este hecho, cuando hay más problemas de fondo. Uno de ellos, la situación en Gaza. El reino alauí estableció relaciones diplomáticas con Israel, una decisión que, a ojos de España, es contestada internamente por su población dado el bombardeo incesante del Estado judío sobre la población gazatí. También creen en el Gobierno que influye que Madrid es el "puente" que tiene Marruecos para llegar a la UE, de tal manera que presionar a España le sirve para hacerse oír en Bruselas. Rabat también ha apretado a Berlín por su postura por el Sáhara Occidental, una solución bajo la mediación de la ONU: en marzo suspendió los contactos con la Embajada germana en la capital marroquí y en mayo llamó a consultas a su embajadora en Alemania.

"Una agresión a las fronteras que no puede formar parte de las buenas relaciones con Marruecos"

Pedro Sánchez anunció durante su comparecencia en la Moncloa que el Consejo de Ministros había aprobado la creación de un comité de situación para analizar la actual crisis migratoria.


Este órgano, bajo la presidencia de la número dos del Gobierno, Carmen Calvo, se reunió este martes a las 17 horas, y contó con la asistencia, según informó la Moncloa, de los titulares de Exteriores, Arancha González Laya; Defensa, Margarita Robles; Política Territorial, Miquel Iceta; Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra; Inclusión, José Luis Escrivá, y la directora del CNI, Paz Esteban, y el secretario de Estado de Seguridad, Rafael Pérez, este último en representación del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que voló hasta Ceuta poco antes que el presidente.


Calvo señaló, en un comunicado posterior a la reunión, que “lo que se ha producido, que es una agresión a nuestras fronteras, no puede formar parte las buenas relaciones con Marruecos". Pero esas relaciones, siguió, "se van a seguir manteniendo porque somos países vecinos y cercanos”. La vicepresidenta remarcó que el Ejecutivo está trabajando para que regresen las personas arribadas "con la legalidad en la mano" y con especial atención a los menores. Por último, la número dos transmitió "tranquilidad" a la población de Ceuta y Melilla, porque "todo irá volviendo a su cauce".