La remodelación del Gobierno de Zapatero con la llegada de Angel Gabilondo a Educación y el retorno de las competencias en Universidad a esta cartera ha dejado al Ministerio de Ciencia e Innovación sin una de sus principales patas un año después de la presentación a bombo y platillo de Cristina Garmendia como el motor del cambio del modelo económico español. La mutación del músculo del ladrillo a la materia gris de la fórmula I+D+i (investigación, desarrollo e innovación) ha perdido fuelle.

Su incapacidad para explicar las bondades del "plan Bolonia" a todos, en especial a los estudiantes, que han tomado las calles en señal de protesta, y sus enfrentamientos por competencias con Industria han marcado su primer año al frente del Ministerio. Así, Garmendia ha visto esfumarse en el fregado ministerial una de las dos secretarías de Estado con las que contaba. Se queda con la de Investigación, pero no con la experimentación dependiente de las universidades. En ellas se realiza el 60 por ciento del trabajo científico del país. Además, de la Secretaría de Estado de Universidades depende el plan nacional de I+D+i, aunque todo indica que seguirá en manos de Garmendia.