Madrid.-El Tribunal Supremo ha confirmado la condena de 2.775 años de prisión que la Audiencia Nacional impuso a los etarras Garikoitz Arruarte Santa Cruz y Gorka Loran Lafourcade. Los dos terroristas colocaron una bomba con 28 kilos de dinamita en el tren Irún-Madrid en la Nochebuena de 2003. Los dos etarras no pasarán más de cuarenta años en prisión.

Para los jueces del Supremo no hay duda de que lo realmente determinante es que los terroristas colocaron una gran cantidad de dinamita en un tren que «pudo explosionar en cualquier momento y causar la muerte de cuantas personas viajaban, aun cuando ese resultado, previsible, previsto y aceptado, no fuera directamente querido por los autores del hecho».

De hecho, los dos etarras explicaron que el objetivo era que la bomba explotara en la estación madrileña de Chamartín y dejaron un walkman, sin pilas, con una cinta alertando de la presencia de la bomba. Entienden los magistrados que los 180 pasajeros y los cuatro empleados de Renfe corrieron «un peligro gravísimo, real para sus vidas», porque la bomba podría haber estallado por el traqueteo del tren, por una tormenta eléctrica u otras causas.