Oviedo.- El ex policía José Amedo firma "La conspiración, el último atentado de los GAL", un libro en el que reitera la implicación de altos cargos del Ministerio del Interior de la etapa socialista en la creación y dirección de los Grupos Antiterroristas de Liberación por la que fueron condenados el ex ministro José Barrionuevo; el ex secretario de Estado para la Seguridad Rafael Vera, el ex director general de la Seguridad del Estado Julián Sancristóbal y varios mandos policiales.

Amedo, sentenciado a 108 años de cárcel por seis delitos de asesinato frustrado y otros relacionados con los GAL, revela las supuestas presiones que recibió en 1994 del juez Baltasar Garzón, del director del diario "El Mundo", Pedro J. Ramírez, y del entonces secretario general del Partido Popular, Francisco Alvarez-Cascos, con el visto bueno de José María Aznar, para sacar del poder al PSOE resucitando judicialmente el "caso GAL". Asegura que Garzón le instruyó sobre lo que debía declarar, le amenazó con procesar a su mujer si no colaboraba y le obligó a implicar a Rafael Vera en el pago de fondos reservados.

Amedo recibió del director de "El Mundo" 30 millones de pesetas, en tres pagos, por un relato sobre los GAL publicado por el diario en los términos presuntamente pactados con Garzón. Ramírez, siempre según el relato, le garantizó, en nombre de los líderes del PP, que sería indultado cuando ganaran las elecciones.

José Amedo cuenta que en abril de 1993 Garzón interrogó de manera privada en su despacho a Michel Domínguez, policía condenado también por los GAL. «Michel le dio las claves del secuestro [de Segundo Marey], no las pruebas. En ese momento, Garzón los hizo salir del despacho para realizar una llamada telefónica. Eran las siete de la tarde. Veinte minutos más tarde volvieron a entrar en el despacho y Garzón les dijo que ya no había que decir nada, porque iba en las listas electorales de Madrid por el PSOE y que sería el próximo ministro del Interior». En las Navidades del año siguiente Garzón regresó al Juzgado tras dimitir del Gobierno socialista y amenazó a Amedo con encarcelar a su mujer si no implicaba a la cúpula de Interior.

Amedo Fouce detalla sus conversaciones en el hotel Eurobuilding con Pedro J. Ramírez, directo de "El Mundo" y el también periodista Melchor Miralles. «Pepe (...) quiero que sepas que vas a estar plenamente respaldado por mí, por amplios sectores sociales y por determinadas personas con mucho poder. Ya sabes lo lanzado que es el Príncipe [nombre que le daba a Garzón], ahora está más motivado que nunca y a éste no le frena nadie».

Acordaron que al día siguiente comenzara, junto a Miralles, las grabaciones. A los pocos días, Amedo pidió dinero a Pedro J.: «Acordamos una entrega inicial de 12 millones de pesetas (...) y otra posterior de similares características cuando le hiciese llegar una grabación de Julián Sancristóbal, ex director de la Seguridad del Estado, en la que implicaba a Felipe González. Al día siguiente recibí la primera entrega. (...)».

Después de arregladas las cuentas, Amedo le mostró «el único documento escrito por dos políticos, Ricardo García Damborenea, ex secretario de los socialistas vizcaínos, y Julián Sancristóbal, ex director de la Seguridad del Estado, en el que se reivindicaba el secuestro de Marey, que yo había conservado entonces conscientemente». «González está pillado», reía Ramírez.

Amedo relata cómo, según Pedro J., Cascos y Aznar estaban al tanto de la operación de acoso contra el PSOE: «Me ha pedido José María que te ruegue que, a ser posible, evites implicar a Damborenea, puesto que inicialmente tiene reservada para él la candidatura a la Alcaldía de Bilbao». Amedo le recordó que el comunicado de secuestro de Marey estaba escrito por Damborenea. El director de "El Mundo" telefoneó a José [María Aznar] y cuando colgó dio por necesaria la implicación de Damborenea para llegar a Felipe González.

Amedo nunca vio a Aznar, pero sí a Francisco Alvarez-Cascos en representación suya, en el despacho de Pedro J. (...) «Cascos le manifestó a mi abogado que estaba al corriente de toda la operación y que tanto él como Aznar la respaldaban» y que si declaraba «cuando llegasen al poder garantizaban el indulto y un futuro de vida ordenado y próspero».

El 19 de diciembre de 1994, ante el juez Baltasar Garzón, Amedo declaró lo pactado sobre la «operación Marey». De madrugada, Garzón se le acercó y contó todo lo que habían manifestado las autoridades policiales y de Interior relacionadas con el caso.

Pedro J. desembolsó a raíz del encarcelamiento de Rafael Vera 10 millones y 8 más por unas grabaciones en las que Sancristóbal implicaba a Felipe González.

Según el libro, el 16 de febrero de 1995 Garzón preparó y orientó el testimonio de Amedo para implicar a Vera en el pago de la financiación del secuestro de Segundo Marey, cosa que Amedo no había visto. Según Amedo, Garzón le dijo: «Mira, para decretar la prisión de un ex secretario de Estado de la talla y el poder de Rafael Vera (...) tienes que responder escuetamente que fue él. (...) Si no (...) no puedo decretar su prisión (...), esto no avanza y no puedo llegar a los demás». Le amenazó con crearle más problemas a su mujer. Esa noche, el ex secretario de Estado entró en Alcalá-Meco.

El siguiente objetivo, según le dijo el director de "El Mundo" era "el Gordo": José Luis Corcuera. «En todas las ocasiones que se refería al ex ministro (...) no podía ocultar el odio visceral que sentía hacia él.

-Pero yo no puedo decir nada de Corcuera. Cuando él era ministro yo estaba en prisión.

-Pero tu mujer sí. Se ha entrevistado en varias ocasiones con él. (...) ¿No le ha pagado dinero para que no os falte de nada en prisión? (...) Tu mujer puede decir que recibió fondos reservados del Ministro».

«Hasta que el 20 de ese mismo mes compareció el que tenía que dar el gran golpe jurídico, el amigo de José María Aznar, el ex socialista Ricardo G. Damborenea, que tiró por elevación hasta lo más alto (...): Felipe González (...) En septiembre de 1995, Garzón ya tenía enganchado en su convulso y prefabricado sumario al ministro del Interior de Felipe González y lo había remitido henchido de orgullo al Supremo. (...) La banda de organizadores de todo esto estaba exultante. Faltaban pocos meses para que se cumpliesen todas sus aspiraciones. Eso me transmitían Pedro J. y el secretario de Cascos».