Madrid.- El alto Comisionado de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, Gregorio Peces-Barba, confesó ayer que es «muy escéptico» y que no comparte el «optimismo» del presidente Zapatero, sobre la posibilidad de que ETA abandone las armas. «Los hechos son tozudos» y el fin del terrorismo está «más lejos que cerca; el optimismo del presidente no lo tengo», subrayó.

Al alto Comisionado le preocupa hechos como el hostigamiento de los defensores del asesino de Ramón Bagglieto contra su viuda, bajo cuya vivienda el etarra abrió un negocio . «Tardaremos mucho en recuperar la normalidad» por esa «especie de odio tremendo a lo español y la posición de enfrentamiento total», añadió.

Peces Barba destacó que la posición del Gobierno es «clarísima: no a una tregua sino un abandono de las armas». Respecto a la excarcelación de los etarras más sanguinarios por acumulación de condenas, afirmó que no ha habido ningún cambio, que no sea «mediático» ya que pasó también con el PP «y nadie dijo nada porque la oposición entonces era solidaria». Al alto comisariado le produjo «mucha preocupación» oír a Rajoy decir que había perdido la confianza en el presidente Zapatero, lo que consideró «gravísimo» .

Preguntado por las consultas a las víctimas sobre los límites ante una negociación con ETA, Peces-Barba negó su existencia y dijo que «el Gobierno no ha hecho absolutamente nada». La presidenta de la Federación de Víctimas del Terrorismo, la socialista Maite Pagazaurtundúa, afirmó por su parte que Zapatero no puede «hurtar» el debate sobre el modelo de negociación con ETA y advirtió de que deben conocerse «las líneas maestras» para generar un consenso entre el PP y el PSOE. El presidente de Víctimas del Terrorismo, Francisco Alcaraz, acusó a Zapatero de estar pagando un precio político a ETA y culpó a Felipe González de la excarcelación de 64 etarras con Aznar.

La vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega respondió que el Gobierno no está negociando con ETA ni ha enviado documentos a las asociaciones de víctimas para que fijen las líneas rojas del diálogo. El ministro José Antonio Alonso exigió extrema prudencia después de que José Bono afirmase citando al servicio secreto que ETA acabará pronto con «las manos en alto y rindiéndose».

Mientras, el PNV expresó su confianza en que en semanas puedan darse pasos decisivos hacia la paz e instó al PSOE a dejar los bandazos y al gobierno y a Batasuna a que pierdan el miedo. El PP dijo que los contactos con ETA van más allá de lo que el Ejecutivo cuenta y le exigió poner fin a esa «oscura » política.