El CFIE de Benavente forma al profesorado en inteligencia emocional: "Para educar niños felices, los adultos, tenemos que estar bien trabajados"
Alberto Ortega, experto en educación emocional, destaca que el programa ayuda a los docentes a experimentar y descubrir las competencias emocionales para aplicarlas en diferentes ámbitos profesionales

Angélica Llamas, durante la primera sesión en el colegio Monte Gándara, de El Puente de Sanabria. | cedida
La excelencia educativa en las aulas a menudo se impone en la lista de prioridades de los docentes —empujados por la exigencia de la obtención de buenos resultados académicos—, dejando en un segundo plano otros aspectos esenciales para el desarrollo de sus alumnos, como es la educación emocional.
El colegio Monte Gándara, en El Puente de Sanabria, acoge durante este mes la segunda edición del curso "Educamos en valores desde el bienestar emocional", organizado por el CFIE de Benavente e impartido por Alberto Ortega y Angélica Llamas, expertos en desarrollo de programas de educación emocional.
Asentar las bases
"Según la pirámide del neurodesarrollo, lo emocional es básico, pero los colegios nos centramos sobre todo en lo académico. Sin embargo, si las bases no están bien asentadas, es muy difícil que lo curricular se asiente", advierte Angélica Llamas.
Unas bases que también tienen que estar afianzadas en los propios profesores. "Para educar niños felices, los adultos, que somos ejemplo para ellos, tenemos que estar bien trabajados". Y este es el objetivo del curso, basado en el programa de implantación de inteligencia emocional desarrollado por Alberto Ortega, donde se facilitan herramientas para aprender a confiar en uno mismo y descubrir el potencial.
"Vivimos a la altura de nuestras creencias, no a la de nuestras capacidades", diferencia Llamas.

Alberto Ortega, experto en desarrollo de programas de educación emocional. / Cedida
El programa ayuda a experimentar y descubrir por uno mismo todas las competencias emocionales para poder llevarlas al aula y trabajarlas con los alumnos.
"Esos pensamientos, sentimientos y emociones inciden en los resultados que se obtienen", asegura Alberto Ortega, quien explica los dos objetivos de la educación emocional. "Uno es aprender a sentir esas emociones y sentimientos básicos que nos dan una información importante y el otro es pensar sobre ellos para saber manejarlos. Por ejemplo, entender que la envidia me aleja de la felicidad. Así que, si quiero cambiar lo que estoy sintiendo, necesito cambiar ese pensamiento", explica.
80.000 pensamientos al día
Según Rafael Bisquerra, padre de la educación emocional, las personas tienen alrededor de 80.000 pensamientos al día. "Obviamente, la mayoría son inconscientes y ahí están el "no puedo", el "tengo que quedar por encima" o "debo ser obediente". Muchos de ellos inciden en nuestros sentimientos y, por tanto, en nuestros resultados", señala Ortega.

Angélica Llamas, durante una sesión en el CEIP Monte Gándara / Cedida
Por ello, en este curso, a través de diferentes dinámicas, los participantes exploran ese proceso y se le ofrecen alternativas de pensamiento más funcionales. Una de esas sesiones será para trabajar la responsabilidad. "En este paradigma, uno siempre es culpable o víctima, pero vamos a ofrecer la alternativa de la responsabilidad, viendo qué tengo que hacer que esté en mis manos para obtener un resultado distinto, sin sentir culpa ninguna", pone como ejemplo.
Útil en diferentes ámbitos profesionales
Este aprendizaje no sirve solo para el ámbito educativo, sino que también se puede implantar en empresas o en el terreno sanitario. "A los profesores, cuando finalizan esta formación, se les aporta un material que es súper completo, y con el que pueden acercar estos nuevos conocimientos al alumnado", asegura.
Ortega anima a adentrarse en este mundo de la educación emocional. "Nunca es tarde para empezar, yo la descubrí a los 30 años", recuerda. Además, la forma que tiene de trabajar apunta que es muy sencilla y práctica, "lo que hace que incluso profesores con un total desconocimiento del tema se abran a la posibilidad de formarse", considera, asegurando que en cursos anteriores se ha encontrado con docentes "que no tenían muy claro qué pensar de la educación emocional y, a través de las dinámicas y los juegos que proponemos, terminan convencidos", valora. "Luego también están esos otros profesores comprometidos, a los que no hace falta cambiarles la mirada", agradece.

Angélica Llamas y Alberto Ortega, los profesores del curso del CFIE de Benavente. / Cedida
Con el interés creciente por este tipo de cursos, Angélica Llamas apunta que la educación emocional en el aula está teniendo cada vez más peso.
"Es cierto que hay compañeros que todavía son reacios, pero yo veo un avance muy importante. Con las herramientas adecuadas, puedes enfrentarte a muchas situaciones y conseguir más de lo que te habías planteado en un primer momento", afirma Llamas. Unos resultados que pronto podrán comprobar los profesores que asisten durante este mes al curso del CFIE de Benavente.
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