Entrevista
Ricard Vila, formador en prácticas restaurativas en el ámbito educativo: "La sociedad complica trabajar la convivencia con respeto"
"Los círculos de diálogo facilitan a cada persona la oportunidad de aportar sus ideas y pensamientos"

El experto en prácticas restaurativas, Ricard Vila, durante una conferencia. | cedida
El experto en convivencia escolar imparte el curso «Avanzamos en prácticas restaurativas» para profesorado, en el CFIE de Zamora
Para comenzar, ¿qué son las prácticas restaurativas?
Suponen una manera de enfocar la convivencia desde el diálogo y asumir las responsabilidades de las personas.
Una de las estrategias centrales son los círculos de diálogo, ¿en qué consisten?
Es una de nuestras herramientas estrella, porque incorporan muchas cosas. Por ejemplo, ayudan a crear un buen ambiente en el grupo que se realicen, ya sea un aula, la familia, el profesorado o cualquier otro conjunto que lo practique. Y es porque su criterio fundamental es que todas las personas van a tener la oportunidad de aportar sus ideas y pensamientos, además, de forma respetuosa.
En los cursos de formación de profesorado sobre las prácticas restaurativas, ¿cuáles son las principales dudas y preocupaciones que surgen para ponerlas en práctica?
El trasfondo que tenemos en la educación es que en el mundo social cada vez se está utilizando más la agresión verbal, el menosprecio hacia la otra persona, la confrontación. Y ese mundo social influye en nuestros alumnos, que ven cómo en muchos ambientes lo que prevalece es la imposición, el "porque lo digo yo" y, además, se minusvalora lo que el otro hace.
¿Eso es un problema importante para conseguir que este sistema funcione?
Sin duda, el entorno social complica mucho el trabajar la convivencia centrada en el respeto. Pero hay más obstáculos. El alumnado ha cambiado, porque el mundo ha cambiado y elementos como la capacidad de prestar atención de forma continuada se ha reducido muchísimo, así como la capacidad de pensar y de reflexionar. Queremos la inmediatez en todo y eso hace que, a la hora de aprender, algo que requiere tiempo y calma, el profesorado esté preocupado. A esto hay que añadir que, en la actualidad, en la escuela están todos. Quiero decir que en mi época había gente que salía del sistema educativo para comenzar en el mundo laboral y ahora hay que estar hasta los 16 años, con lo que hay alumnos cuya dificultad para aprender es muy alta y hay que saber cómo abordar esta situación.

Ricard Vila. / Cedida
¿Las prácticas restaurativas desarrollan ahí una labor importante?
Lo positivo es que el eje fundamental está en crear vínculo. Se le dice al alumnado que importa y que se va a hacer todo lo posible para que aprenda. Y, en ese aprendizaje, se incluye la parte de aprender a convivir.
La importancia de la educación emocional
¿La educación emocional es clave en todo este proceso?
Totalmente, aunque hay que tener en cuenta que no viene a sustituir nada que en los centros no se esté ya trabajando de forma coherente. Si, por ejemplo, ya se trabaja el tema de la educación emocional, las prácticas facilitan la herramienta de la escucha o el lenguaje asertivo. Es decir, el proceso educativo para ayudar al alumnado a gestionar las emociones y relacionarse con los demás estaría detrás de las prácticas restaurativas.
Que un alumno asuma su responsabilidad es mucho más educativo que cualquier castigo o una expulsión
Se crea un ambiente que ayuda a avanzar en todos los sentidos, tanto académico como personal.
Absolutamente, aunque los conflictos seguirán existiendo, porque el ser humano, al convivir en grupo, tiene conflictos. Pero, desde el tema restaurativo, se abordan de manera diferente. El habitual sería descubrir al culpable y castigarlo. Pero nosotros intentamos, primero, escuchar a la persona, hablar sobre lo que ha ocurrido, qué sentía cuando lo hizo, si era rabia, enfado o dolor, y valorar las consecuencias de sus actos. El alumno puede llegar a entender qué había en su cabeza y las consecuencias. Para nosotros, lo importante es que asuma la responsabilidad. Eso es mucho más educativo que cualquier castigo o una expulsión. También es un proceso más lento, pero es que la educación es algo lento.
Aprendizaje para el aula y para la vida
¿Una de las ventajas sería que, además de para el día a día en el aula, este programa también sirve para relacionarse en la vida?
Por supuesto. En las formaciones que hacemos dirigidas al profesorado, las personas reflexionan sobre su manera de escuchar y su manera de hablar. Por ejemplo, si ocurre algo que me ha dolido, tengo que poder verbalizarlo, pero no haciendo sentir culpable al otro, sino expresando por qué lo que ha ocurrido me ha dolido. Y para explicarlo, hay que tener cierto silencio, si no, uno se puede sentir ninguneado. Es una manera de hablar y de escuchar que al adulto también le pasa por su filtro.
¿Cómo pueden implantar todo esto los profesores?
El problema que tenemos en educación es que una parte del profesorado, aunque sea muy buen docente, está centrado en su materia y le falta esa reflexión de que su trabajo no es solo instruir en matemáticas, sino también educar. Todas las leyes educativas siempre han dicho que educar es la finalidad y el profesorado que no quiera entrar en esa dinámica, lo va a pasar mal.
¿Cómo calificaría la situación, en este sentido, de la educación en Zamora?
Zamora está tomando cartas en el asunto para mejorar la convivencia, no solo por este tipo de cursos que se realizan en el CFIE, sino con las jornadas anuales que todos los años reúnen a alumnos mediadores, a las que regresaré en febrero.
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