Mi nombre es Alba Heras Vidal, estudiante de segundo del ciclo formativo de grado superior de Gráfica Publicitaria. A principios de marzo de 2020 terminamos las clases y mi compañera Yolanda y yo nos disponíamos a emprender la aventura de irnos tres meses de Erasmus para realizar las prácticas en Oporto, pero el 14 de marzo el Gobierno declaró el estado de alarma, dictando una cuarentena nacional sin saber lo que iba a pasar.

Septiembre fue la hora de decidir si cancelar la movilidad o seguir adelante y, después de mucho meditarlo, nos pusimos en contacto con la empresa para buscar piso a distancia... ¡por fin comenzábamos la aventura a solo tres horas de viaje en coche y una PCR negativa!

La empresa en la que realizamos las prácticas está situada en Santo Tirso. Antes de llegar, pensábamos que era un pueblo pequeño a las afueras de Oporto, pero nada que ver. Es una ciudad algo más grande que Zamora y muy bonita, que pertenece al distrito de Oporto. Nosotras no residíamos en Santo Tirso, por lo que todas las mañanas íbamos en coche hasta la empresa que nos quedaba a unos veinte minutos en coche.

Al llegar, las cosas estaban mucho mejor que en España respecto a la pandemia: la mascarilla solo era obligatoria en sitios cerrados y en el transporte público, los lugares para visitar en la ciudad cerraban antes, con aforo limitado, pero esto no fue problema para conocer Oporto y sus paradas obligatorias, como la Torre de los Clérigos. Para mí, la mejor forma de conocer la ciudad y saber más acerca de ella es a través de los “free tours”, que te permiten recorrer los lugares más emblemáticos de la ciudad, a la vez que te van contando su historia, recomendando actividades y lugares típicos para comer.

La estudiante de Erasmus, con Oporto al fondo. | Cedida

La estudiante de Erasmus, con Oporto al fondo. | Cedida

Cuando las cosas se complicaron, recomendaron confinar varios municipios y aconsejaron teletrabajar. A esto se unió el toque de queda a las 23.00 horas de lunes a viernes y las 13.00 horas durante el fin de semana. A pesar de estas medidas, a la hora de moverte por Oporto o por el país no te ponían ninguna pega.

Visitamos Coimbra, Aveiro y Costa Nova, lugares de parada obligatoria si venís a Oporto, ya que quedan cerca y están muy bien conectados. Viajar en tren más de dos personas es bastante económico, porque te aplican la tarifa de familia numerosa y sale más barato, que nunca viene mal.

El tiempo nos sorprendió mucho, porque nos habían dicho que en Oporto predominaba la lluvia, pero pocos días fueron de llover sin parar. Respecto a la temperatura, tampoco tuvimos queja, nos permitió incluso ir a la playa de paseo, y yo, en pleno mes de octubre, incluso me bañé sin ningún problema en la maravillosa playa de Matosinhos.

La mayoría de los portugueses son muy amables y hacen por que les entiendas. Incluso algunos intentan españolizar las palabras para una mejor comunicación. En cuanto a entender el portugués, esperábamos que fuera más fácil, ya que allí hablan deprisa.

Oporto es una ciudad con mucha vida y mucho ambiente, es un destino muy pedido por estudiantes Erasmus y este año los negocios lo notaban mucho. No dejaban de decirnos que era una pena que nos hubiera coincidido venir en estas condiciones, que no tiene nada que ver con el ambiente que hay otros años. Aun así, intentamos visitar sitios y hacer cosas, dentro de lo permitido.

La verdad que el centro de Oporto es precioso, tanto de día como de noche. Lo mejor es recorrérselo a pie, eso sí, con calzado cómodo, que está lleno de cuestas y algunas calles son de piedra.

Es una ciudad llena de contrastes. Puedes estar en el centro de Oporto rodeada por el casco antiguo, que es maravilloso, con sus fachadas de azulejos, sus iglesias cada dos pasos o su arquitectura y, a la vez, encontrarte con una parte muy pobre de la ciudad, llena sitios abandonados y muy descuidados, sin necesidad de irte lejos del centro. Sin duda, es una ciudad de historia que merece muchísimo la pena conocer y que tenemos a tan solo tres horas en coche.