20 de junio de 2019
20.06.2019
La Pizarra

Berta Carrasco, premio del Concurso de Relato Corto

La estudiante del instituto La Vaguada obtiene el reconocimiento provincial | Su historia de terror, con un reloj marcando las horas, conquista al jurado

19.06.2019 | 19:44
Berta Carrasco, ganadora del concurso de Coca Cola de relato corto.

El jurado de la 59 edición del Concurso Jóvenes Talentos de Relato Corto de Castilla y León, organizado por la Fundación Coca-Cola, decidió conceder a Berta Carrasco Martínez, alumna del IES La Vaguada, el primer premio provincial por su historia. Toda una sorpresa, según confesó la estudiante, quien reconoce su pasión por la lectura y la escritura, aunque era la primera vez que se presentaba a un concurso de estas características. La idea de su relato comenzó cuando en su cabeza sonó el marcado "tic, toc" de un reloj. "Se trata del secuestro de una chica", resume la autora, quien asegura que los primeros minutos del concurso, frente al papel en blanco y con el bolígrafo en la mano "fueron de pánico, pero luego me vino sola toda la historia a la mente", asegura. Este primer premio le ha dado ánimos para seguir presentándose más concursos literarios y continuar así desarrollando su entusiasmo por la escritura.

Tic, toc. Oscuridad. Tic, toc. Abro los ojos. Nada. Tic, toc. Dolor. Tic, toc. Cadenas. Tic, toc. Miedo. Tic, toc. La puerta. Tic, toc. Pasos. Tic, toc. Sombras. Tic, toc. Todo desaparece. Tic, toc. Silencio.

Vuelvo a abrir los ojos, pero solo veo ruinas. Desolación.

Ante mí aparece un hombre, pero no veo su rostro. Deja algo en la estantería, pero no sé qué es. Apenas me acuerdo de mi nombre.

Se va, dejándome sola de nuevo; y me doy cuenta del silencio. Todos mis miedos regresan de una forma inimaginable. Todo está ahí. No sé si aguantaré mucho más.

Me siento cansada. Cuando vuelvo a abrir los ojos lo veo. Observo también cómo caen.

Siempre me gustaron los relojes de arena, pero ahora solo me transmite que todo acaba. Fin.

No puede ser. Siempre creí que mi final no sería así, que tendría más tiempo, libertad.

Sé que este es mi castigo, porque sé que lo merezco. Pero pienso que entonces, nada ha valido la pena. Nada.

Vuelvo a mirarlo. La arena se escapaba lentamente. Tortura. ¿Por qué retrasar lo inevitable?

La puerta se vuelve a abrir. La veo. Esos ojos, ahora me parecen diabólicos. Rojos. Sangre.

Esa sangre de víctimas inocentes; todos luchando por su causa, algunos muriendo por ella. Tiempo. A ella le sobra, pero a mí me lo quieren arrebatar. ¿Por qué?... Esa es una pregunta que nunca ha salido de mis labios. Ahora me culpo.

Respuestas. Eso es todo lo que me falta.

Cuando se sienta en la cama, me acaricia el pelo. Me esperaba su tacto frío, su tacto suave, su tacto firme, pero carente de emoción, como todo en ella.

Escalofrío. Una corriente me recorre, pero no puedo hacer nada. Me dice algo, pero no sé el qué.

Silencio. Me doy cuenta de cómo me he quedado sin habla, sin audición. Sin nada.

Tristeza. Miro el reloj. Aún queda mucho.

Sufrimiento. Siempre le gustó. Ver a la gente arrodillada ante ella, aunque nunca servía de nada. Piedad. No, ella nunca fue de esas. Me doy cuenta de que quiere que haga lo mismo.

No. Esa palabra resuena en mi mente.

Frustración. Todo sigue igual, nada ha cambiado.

Silencio. Espero mi final pacientemente.

Se va. Abre la puerta y la atraviesa. Sin mirar atrás. Sin despedida. Sin sentimientos.

Abro los ojos. Recuerdo todo lo que ha pasado. Miro alrededor, pero sé que todo ha terminado.

Alivio. Escapé. Aunque no tengo nada, tengo la sensación de que lo tengo todo...

Tiempo, al fin y al cabo. Me levanto de la hierba y me encamino hacia la salida del bosque. Eso acabó, pero todo comienza ahora.

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