El discurso del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, era uno de los más esperados de la cumbre del clima de Sharm el-Sheikh. Sobre todo tras el peliagudo legado de su antecesor, Donald Trump, en materia climática. Biden ha encarado la controversia, ha "pedido perdón" por las decisiones de Trump y ha anunciado más fondos para hacer frente a la crisis climática en diferentes regiones del mundo. Entre las medidas más importantes destaca la creación de un fondo de 150 millones de dólares para planes de adaptación climática en África, una nueva iniciativa para reducir las emisiones de metano en Estados Unidos y un compromiso adicional para colaborar con la transición energética de Egipto.

Esta batería de anuncios se produce en el final de la primera semana de la cumbre del clima de Sharm el-Sheikh. Se trata del segundo gran anuncio de Estados Unidos en este encuentro diplomático. El miércoles, el embajador climático estadounidense John Kerry anunció un plan para trasladar a las grandes empresas la responsabilidad de financiar los planes de transición energética de los países. La iniciativa sugiere crear un mecanismo para que las multinacionales compren créditos de carbono a los países en vías de desarrollo. 

Esta herramienta, ampliamente criticada entre expertos y oenegés ambientalistas, pretende convertirse en una herramienta que permita a las compañías "compensar" sus emisiones de gases de efecto invernadero y, paralelamente, lograr una "inyección extra de dinero" para que los países pobres puedan financiar sus proyectos de transición energética. "Es un mal acuerdo para los países en desarrollo. En lugar de disponer de fondos públicos para usar estratégicamente, esta iniciativa ofrece financiamiento impredecible que varía según el mercado", denuncia Navroz Dubash, una de las coordinadoras del último informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC).