La esperanza de finalizar el conflicto con la guerrilla de las FARC protagonizó hoy la segunda investidura de Juan Manuel Santos como presidente de Colombia, que instó al país a trabajar unido para conseguir paz, equidad y mejor educación en una ceremonia cargada de simbolismo.

El color blanco de la paz protagonizó la ceremonia, pues estuvo presente en centenares de paraguas que portaron los asistentes y en el uniforme de decenas de niños que escoltaron y acompañaron a la familia presidencial en su recorrido hasta la tarima principal.

Alrededor de ella aguardaban 2.000 invitados, entre los que se incluyeron como personalidades destacadas el rey Juan Carlos I, así como 10 jefes de Estado y siete vicepresidentes, la mayoría latinoamericanos, que portaron un broche con la forma de la paloma de la paz.

Las negociaciones que el Gobierno mantiene con las FARC en La Habana desde noviembre de 2012, y que encaran su recta final, fueron el hilo conductor del discurso de Santos, en el que presentó sus principales retos para el periodo 2014-2018.

"Es nuestra hora y vamos a aprovecharla. Nos cansamos de pensar en pequeño, de creer que estamos condenados a la violencia, a la falta de oportunidades, porque no es así. Ha llegado la hora de avanzar más allá de las metas inmediatas y de que nos repensemos como nación", aseguró.

Santos entró en la Plaza Núñez, donde se desarrolló la ceremonia al aire libre, acompañado de su esposa, María Clemencia Rodríguez, y sus hijos Martín, María Antonia y Esteban, con quienes recorrió a pie los cerca de cien metros que separan la sede de Gobierno del escenario.

El blanco de la paz también estuvo presente en la indumentaria de la primera dama y su hija, en tanto que el presidente y sus hijos vistieron traje oscuro y corbata azul.

En contraste, su nuevo vicepresidente, Germán Vargas Lleras, y su esposa Luz María Zapata, vistieron de riguroso negro.

Tras prestar juramento y recibir la banda de presidente, el mandatario aseguró que sabe que "hay gente que no le quiere" pero que eso no importa, pues "todos" los colombianos quieren a su país y por eso deben "trabajar unidos", una referencia velada al expresidente Álvaro Uribe, que, junto con su partido, el Centro Democrático, no asistió a la ceremonia.

Santos propuso como reto que en una década Colombia sea un país "en paz total, con equidad y el más educado de América Latina" ante la atenta mirada de líderes como el presidente de México, Enrique Peña Nieto, que grabó con su teléfono varios momentos del discurso.

Pero para conseguirlo, afirmó, lo primero es la seguridad, y en consecuencia consideró una prioridad terminar con el conflicto armado que se prolonga desde hace más de 50 años en el país.

Su intervención solo fue interrumpida cuando el auditorio se puso en pie ante la mención de Santos a las Fuerzas Armadas, a las que definió como "guardianes" de la democracia, la seguridad y, "Dios mediante", guardianes de la paz.

En su alocución, que se prolongó algo más de cuarenta minutos, Santos reservó una mención especial al rey Juan Carlos, al que agradeció que escogiera Colombia como su primer destino oficial tras haber abdicado el pasado 2 de junio en su hijo, el rey Felipe VI.

"Nos honra con su generosidad", dijo el presidente al monarca, que se puso en pie como respuesta y fue aplaudido por los presentes.

Está previsto que el rey Juan Carlos regrese hoy mismo a España, así como la mayoría de delegaciones internacionales volverán a sus países durante la jornada.

Además de la paz, Santos destacó la inversión que este cuatrienio acaparará el sector agrario, y muy especialmente el ministerio de Educación, que por primera vez contará con la mayor partida presupuestaria, por encima del ministerio de Defensa.

Tras su discurso, el presidente, junto a su ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón y altos mandos castrenses, pasó revista a las Fuerzas Militares, momento en el que se produjo la anécdota de la jornada al confundirse sobre la posición que cada uno debía ocupar.

En una última muestra de las prioridades de su Ejecutivo, Santos, que aseguró que a una Colombia "en paz, con equidad y educada no la frena nadie", recorrió acompañado por su familia el camino de vuelta hacia la casa de Nariño mientras dos cañones impulsaban hacia el cielo miles de palomas de la paz de papel.