El clan de los Asad, al que pertenece el presidente sirio, Bachar al Asad, controla todos los hilos de la política de Damasco a través de una compleja red de intereses políticos y económicos en la que se entrelazan las ambiciones, traiciones, lealtades ciegas y pasiones de hermanos, cuñados y primos.

Desde la instauración del poder militar en 1963, y el posterior golpe de Estado del ex jefe de la Fuerza Aérea, Hafez al Asad, de 1970, aprovechando el desconcierto del pueblo sirio tras la fulminante derrota en la Guerra de los Seis Días (1967), el país ha vivido sumido en un apagón informativo dentro y fuera de sus fronteras. En un régimen de partido único: el Baaz (Partido del Renacimiento Árabe Socialista), donde la política a menudo se mezcla con el interés personal, los medios de comunicación internacionales lo han tenido siempre difícil para analizar la realidad del país. Durante años, el mundo exterior intentó desentrañar quiénes eran los vencedores y los perdedores en las interminables peleas familiares. Había que estar atento a los gestos, los nombramientos y hasta a las apariciones públicas de los miembros de la familia y sus fieles.

Desde que comenzaron las revueltas en el país, hace dos meses, un nombre destaca como el ejecutor de la política represiva del régimen: Maher al Asad, apodado «el Guerrero», el menor de los hermanos de Bachar. Algunos dicen de él que es el hombre con más poder en Damasco. Curtido en el poderoso Ejército sirio, desde su puesto de comandante en jefe de la Guardia Republicana ha dirigido la represión contra los miles de manifestantes que, desde la ciudad de Deraa, origen de los disturbios, han extendido la revuelta por todo el territorio sirio. De carácter violento y gestos castrenses, hubo un momento en que se especuló con que el patriarca del clan, su padre, Hafez al Asad, había pensado en él como heredero del régimen pero que lo descartó debido a su carácter impulsivo y su mal genio.

En los cenáculos de la capital siria se comenta que en 1999, durante una fuerte discusión, Maher le pegó un tiro a su cuñado Assef Shawkat. Sin embargo, poco después, ambos se reconciliaron y ahora son íntimos colaboradores en los servicios de seguridad del régimen. Los dos aparecen citados en el informe elaborado por el alemán Detlev Mehles sobre el asesinato del ex primer ministro libanés Rafik Hariri, un crimen sobre el que cada día se ve más nítida la sombra de Siria.

A Assef Shawkat se le conoce como «el cuñadísimo» del régimen. Es el número dos de las Fuerzas Armadas y su extraordinario poder procede de su matrimonio con Bushra, la única hija del patriarca Hafez, una licenciada en Farmacia con una gran influencia en la familia. El matrimonio de Bushra y Assef, sin embargo, hubo de superar algunos obstáculos dignos del mejor melodrama. Basil, el hermano al que el patriarca había destinado a ser el heredero del régimen —que murió en 1994 en un accidente de tráfico—, se opuso frontalmente a la boda. Basil consideraba a Assef un «trepa» y no estaba dispuesto a darle un lugar al sol del clan. Sin embargo, la pareja se fugó y contrajo matrimonio. La reconciliación con la familia no llegó hasta el fallecimiento de Basil. Con todo, su destino está ligado a sangre y fuego con el de los Asad.

Bushra, la hermana mayor del actual presidente sirio, no goza de ningún cargo oficial, pero no le hace falta para ejercer una gran influencia en el aparato del régimen.

Un personaje curioso del clan es Rifaat al Asad, tío de Bachar. Durante los gobiernos de su hermano Hafez fue una pieza importante. Su nombre está ligado a la matanza de Hama en febrero de 1982, cuando el presidente lo envió para aplastar la revuelta de los Hermanos Musulmanes, con un balance de entre 10.000 y 20.000 muertos. Pos teriormente, cayó en desgracia tras oponerse al ascenso de Bachar como heredero del régimen. En la actualidad vive en el exilio, entre los Emiratos Árabes Unidos, Francia y España. Por último, están los primos del presidente. Sin participar del poder político directamente, se han enriquecido con las políticas del clan. El fin de la llamada «primavera de Damasco», el primer año de mandato de Bachar, tras la muerte de su padre en 2000, evidenció que la corrupción era consustancial al régimen, lo que provocó el distanciamiento entre el régimen y los pequeños empresarios urbanos que lo apoyaban. El joven presidente se vio obligado a aliarse con empresarios enriquecidos gracias a la política de privatizaciones. El símbolo de este grupo de multimillonarios es Rami Majluf, primo de Bachar y especialista en hacer dinero. Es propietario de un emporio inmobiliario y de grandes empresas ligadas al régimen, como Siriatel y el holding Cham.