El presidente palestino, Mahmud Abbas, decidió ayer mantener vivo el diálogo con Israel, a pesar de que la construcción se ha reanudado en las colonias judías de la Cisjordania ocupada. No obstante, la decisión de Abbas tiene carácter provisional y deberá ser refrendada por la Liga Árabe el próximo 4 de octubre.

La prórroga de la moratoria, que expiró la medianoche del domingo, había sido exigida por el propio Abbas para seguir negociando, y ayer Hamás le exigió que cumpliera su promesa y se levantara de la mesa de diálogo. Pero el presidente palestino, presionado por Estados Unidos, renunció a dar una respuesta «rápida» a la decisión israelí.

La reanudación de la actividad constructiva en los asentamientos judíos cosechó las críticas de la UE, la ONU, Alemania, Reino Unido y Francia, país en el que Abbas compareció ante la prensa tras entrevistarse con Nicolas Sarkozy.

El presidente palestino exigió el final de la colonización en Cisjordania y una ampliación de la moratoria durante tres meses, tal como propuso la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, la semana pasada para no ver fracasar las conversaciones; al menos, no hasta después de las legislativas que se celebran en noviembre.

En esa misma rueda de prensa, el presidente francés deploró la decisión del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que atribuyó a los problemas que se derivan de gobernar en coalición.

Pero Sarkozy aprovechó para reclamar la presencia activa de la UE en las negociaciones, aunque no, aclaró, para suplantar a Estados Unidos. «No es viable para Europa seguir financiando un Estado y quedarse de lado en el proceso político», dijo el presidente francés, citado por la agencia «Efe». Dicho y hecho. Sarkozy anunció que a finales de octubre se reunirán en París Abbas y Netanyahu, en un encuentro al que también asistirá el presidente de Egipto, Hosni Mubarak, en el marco de la Unión por el Mediterráneo (UPM) que el líder egipcio preside junto al francés.

El domingo, Clinton telefoneó dos veces a Netanyahu para intentar forzarle a aceptar su propuesta de prorrogar tres meses la moratoria. Sin embargo, el «premier» judío no dio su brazo a torcer, ya que tal decisión, además de no gustarle a él, haría pedazos el Gobierno de coalición que preside, con fuerte presencia de ultranacionalistas.

Todo lo que logró Clinton fue que Netanyahu llamara a los colonos a «la moderación», a lo que éstos respondieron festejando el final de la moratoria y dejando entrar las excavadoras en sus terrenos. Por lo demás, Netanyahu pidió a Abbas que continúe «las buenas y sinceras conversaciones que hemos empezado recientemente».

Mientras, el ministro británico de Asuntos Exteriores, William Hague, dijo ayer que trasladará a su homólogo israelí, Avigdor Lieberman, su malestar por la decisión de no ampliar la moratoria a las actividades de construcción en los asentamientos judíos en Cisjordania.

Hague explicó en un comunicado que se siente «decepcionado» por la decisión israelí de no renovar la moratoria, que venció la pasada medianoche, y preocupado por sus posibles consecuencias para las recién reanudadas conversaciones de paz. Y el ministro turco de Exteriores, Ahmet Davutoglu, aseguró que la decisión israelí de no ampliar la moratoria a los asentamientos «no es una prueba de buena voluntad» sobre su disposición a llegar a un acuerdo de paz con los palestinos.