Bagdad

Iraq vivió ayer su jornada más sangrienta desde hace un año, confirmando que el proceso de pacificación iniciado hace dos años está sufriendo una involución. Dos atentados suicidas perpetrados en Bagdad y en la localidad de Muqdadiya, 80 kilómetros al norte de la capital, se cobraron las vidas de la menos 80 personas, mientras que más de 120 resultaron heridas. Esta jornada de violencia extrema coincidió con la detención de un buscado terrorista: el máximo líder local de Al Qaeda, Abu Omar al Bagdadi, al que los yihadistas califican de "emir de Iraq". La noticia fue transmitida por la televisión oficial, citando al portavoz del centro de operaciones del Ejército iraquí en Bagdad, quien hasta anoche no había aparecido en público para refrendar la noticia.

Al Bagdadi era la cabeza de Estado Islámico de Iraq, coalición de ocho grupos liderada por Al Qaeda y creada en octubre del 2006 para luchar contra la ocupación militar estadounidense y establecer un sultanato gobernado por un califa. Sucedió al frente de Al Qaeda en Iraq al jordano Abu Musab al Zarqaui, muerto ese año en un bombardeo estadounidense. De acuerdo con la cadena qatarí de televisión Al Yazira, el dirigente yihadista fue localizado gracias a una delación. En cuanto a los atentados -registrados un poco antes de que se conociera la detención de Al Bagdadi-, la primera explosión se produjo en el centro de Bagdad y tuvo por blanco a un grupo de policías nacionales que participaba en la distribución de ayudas a desplazados internos. Los refugiados tuvieron que huir de sus casas a causa de la violencia sectaria entre suníes y chiíes y de los combates que siguieron a la invasión iniciada por EE UU el 20 de marzo de 2003, hace ya más de seis años.

Lo más inquietante de este ataque es que ha sido perpetrado a poco más de un mes de la fecha fijada para que las tropas estadounidenses se retiren de las grandes ciudades iraquíes y den paso a las bisoñas fuerzas de seguridad nacionales. Un total de 28 personas murieron en el atentado, entre ellas al menos cinco niños y una docena de agentes, mientras que medio centenar resultaron heridas, muchas de ellas con carácter grave, según explicó la propia Policía. El segundo atentado ocurrió poco después cerca de Muqdadiya, ciudad situada a unos 80 kilómetros al noreste de la capital, en la provincia de Diyala. En este caso el terrorista islámico se dirigió contra un grupo de peregrinos iraníes que se encontraban en un restaurante de carretera y allí se inmoló haciendo estallar el cinturón de explosivos que portaba. La potencia de la onda expansiva provocó la cañida del techo del establecimiento. Al menos 53 de los muertos que causó eran iraníes que se dirigían en tres camiones a la ciudad santa iraquí de Kerbala.