El presidente francés, Nicolas Sarkozy, y la canciller federal alemana, Angela Merkel, se mostraron ayer intransigentes en su exigencia de una «nueva arquitectura» del sistema financiero mundial para que no vuelva a ocurrir «nunca más» una crisis como la actual.

En una conferencia de prensa conjunta en la que dijeron hablar con una sola voz, ambos estadistas insistieron en sus «líneas rojas», entre las que figura en lugar preeminente la publicación de una lista de los llamados «paraísos fiscales».

La firmeza de las posiciones de ambos líderes europeos parece presagiar duras negociaciones de última hora para alcanzar un acuerdo. Así, es sabido que EE UU defiende una mayor regulación, pero se opone a que ésta venga de una instancia internacional. Su secretario del Tesoro, Timothy Geithner, lo dejó muy claro el martes: «No vamos a permitir que otros decidan cuál es el equilibrio entre estabilidad y eficacia que más conviene a nuestros mercados».

Tanto Merkel como Sarkozy fueron muy claros al decir que no quieren más cumbres de las que sólo salgan declaraciones y dijeron que la nueva arquitectura de los mercados financieros mundiales «tiene que figurar claramente en el comunicado final».

Aunque la crisis es también económica, no hay que olvidar que su origen es «financiero», dijo Sarkozy, quien calificó por eso de capital importancia la regulación de los mercados.

En relación con la lista de los paraísos fiscales, en la que insistieron ambos líderes y con lo que está de acuerdo también el anfitrión, Gordon Brown, fuentes citadas ayer por "The Financial Times" dijeron que la principal oposición viene de China.

Aunque no nombraron concretamente al sistema financiero anglosajón, partidario de la menor regulación posible de los mercados, como principal responsable de la crisis, Sarkozy y Merkel insistieron en que ésta no ha sido «un fenómeno natural» sino con causas claras. Tras esa clara muestra de unidad del eje francoalemán, ambos líderes tuvieron ocasión de tratar por la noche sus exigencias con el resto de dirigentes del G-20 en la cena que les ofreció el primer ministro Brown en su residencia oficial.