Los líderes de los países más ricos del mundo y de las principales potencias emergentes tienen hoy apenas cinco horas para, en la crucial cumbre del G-20, alcanzar unos acuerdos que ayuden a restablecer la confianza en el sistema financiero, condición previa a la salida de la profunda crisis en la que se encuentra sumida la economía mundial. Pero, antes de eso, ayer fue la jornada en la que todos los focos se concentraron en el presidente de EE UU, Barack Obama.

Obama, que llegó a Londres el martes a última hora de la tarde, visita Europa por primera vez desde la elección presidencial, en un viaje de una semana que simboliza la reconciliación trasatlántica después de la profunda sima abierta por la invasión de Irak por Estados Unidos en 2003.

El líder demócrata desplegó una intensa actividad negociadora en las primeras horas del día, al reunirse con el primer ministro británico, Gordon Brown; con el presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, y con el presidente de China, Hu Jintao.

La cita con Brown dejó sentadas las posturas de EE UU y, más allá, del bloque anglosajón ante la cumbre de hoy, en la que se auguran enfrentamientos con el eje francoalemán. En rueda de prensa tras la reunión, Obama admitió la culpabilidad de EE UU por los fallos en los sistemas de regulación financiera para, acto seguido, instar a los países del G-20 a actuar con «sentido de urgencia» y unidos.

El presidente lanzó una clara advertencia: EE UU no puede ser el único motor para salir de la crisis, por lo que todas las potencias deben reaccionar al unísono. Obama reclamó coordinación para superar cuanto antes el deterioro económico y minimizó las diferencias entre los diferentes países, que consideró más de forma que de fondo.

A este respecto, dio por cerrada la polémica sobre los planes de estímulo, lanzada semanas atrás cuando pidió a Europa que inyectase más dinero público en la economía, algo con lo que estaba de acuerdo Reino Unido, pero a lo que se opone tajantemente el eje francoalemán. Obama reconoció que los miembros del G-20 han puesto ya sobre la mesa el equivalente a 1,5 billones de euros desde la cumbre primera cumbre extraordinaria del G-20 sobre la crisis, celebrada en noviembre en Nueva York.

Por su parte, Brown, el anfitrión de la cumbre sintetizó en cinco los puntos que han de tratarse hoy: cambiar la regulación del sistema bancario internacional para hacerlo más transparente, impulsar el crecimiento económico, aumentar la cooperación y no caer en la trampa del proteccionismo, sin olvidar a los países más vulnerables ante la crisis.

Brown insistió en la necesidad de aumentar la regulación del sistema financiero mediante el refuerzo de la colaboración entre los órganos de control de los diferentes países para saber cuáles son los riesgos del sistema y poder anticiparse a ellos estableciendo un modelo que pueda reducirlos.

EE UU que no está dispuesto a ceder su capacidad reguladora en favor de un organismo internacional, sí admite que las reformas nacionales no funcionarán si no convence a otros países de que caminen por su misma senda. Para Washington el Foro de Estabilidad Financiera puede aportar la infraestructura necesaria para la cooperación reguladora.

Tras reunirse con Brown, Obama se vio por primera vez con el chino Hu Jintao, con quien acordó aumentar la cooperación económica para superar la crisis. Las economías de ambos países están muy relacionadas entre sí, ya que China es uno de los principales titulares de la deuda que emite EE UU, que alcanzará 1,35 billones de euros este año.

La reunión con el presidente ruso, Medvédev, tuvo un perfil muy geoestratégico, ya que permitió el anuncio de un acuerdo para relanzar las conversaciones entre ambos países sobre las armas nucleares. El entendimiento deberá dar como resultado un nuevo tratado sobre armamento atómico antes de que expire el actual Tratado para la Reducción y Limitación de Armas Ofensivas Estratégicas (START) en diciembre. El escudo antimisiles planeado por EE UU sigue siendo lo que más les separa.