Roma.- El primer ministro italiano, Romano Prodi, presentó ayer su dimisión al Jefe del Estado, Giorgio Napolitano, que hoy mismo comenzará las consultas para la formación de un nuevo Gobierno, según informó la presidencia de la República. Prodi, de 68 años, dimitió veinte meses después de formar su segundo Gabinete y una vez que el Senado, en una sesión marcada por un clima de tensión que acabó en enfrentamientos personales, le negara el voto de confianza.

El presidente del Consejo pidió la confianza -que el miércoles le otorgó la Cámara de Diputados- después de que el lunes el pequeño partido democristiano Udeur (1,4% del electorado) anunciase el abandono de la coalición de 14 partidos de centroizquierda (La Unión), lo que dejó al Gobierno en minoría en la Cámara Alta. La Udeur está controlada por Clemente Mastella, que el pasado jueves dimitió como ministro de Justicia tras verse involucrado en asuntos de corrupción.

En el Senado el centroizquierda sólo tenía dos escaños más que la oposición conservadora (158-156), por lo que bastaba que un senador votase en contra o no acudiese para poner en peligro a La Unión, hasta hacerla caer, como ocurrió ayer.

Hasta ahora, Prodi sobrevivió también gracias a los votos de los siete senadores vitalicios, pero ayer, aunque cinco le apoyaron, los votos contrarios de dos senadores de Udeur y otros dos de los liberales, que se unieron a los de un senador comunista que ya causó hace un año la primera caída de Prodi, fueron definitivos. Votaron a favor de Prodi 156 senadores, mientras que en contra lo hicieron 161. Un senador se abstuvo. Depositaron el voto 318 y la mayoría requerida era de 160.

Prodi pidió el voto a los senadores asegurando que Italia no se puede permitir en estos momentos un «parón» político y con la advertencia de que un «vacío político» puede dañar a la economía italiana. El líder de La Unión se mostró dispuesto a remodelar el Gobierno, reformar las instituciones y aprobar una nueva ley electoral. «El país necesita reformas urgentes y corre el riesgo de quedarse atrás. Reitero mi compromiso para que no se llegue a un voto que haga de Italia un país ingobernable», afirmó.

La oposición le negó la confianza afirmando que el país está paralizado y que la única salida son los comicios anticipados, que espera ganar, ya que, según Silvio Berlusconi, en estos momentos los sondeos le dan un 15% de ventaja. El centroizquierda, por su parte, está dividido, ya que los pequeños partidos abogan por ir a las urnas, mientras que el socio mayor, el Partido Demócrata, sostiene que antes hay que reformar la ley electoral, causante de la inestabilidad política del país. El presidente Napolitano se ha «reservado la decisión» (es decir, si acepta o no la dimisión de Prodi) y hoy comenzará las consultas con los partidos políticos para la formación de un nuevo Ejecutivo. Los primeros que acudirán al Palacio del Qurinal, sede de la jefatura del Estado, serán los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados, Franco Marini y Fausto Bertinotti, respectivamente. Después llegará el turno de los partidos políticos y hasta el momento no ha sido facilitado el calendario de los coloquios.

«Vendido, cornudo, pedazo de mierda»

La sesión en la que el Senado negó ayer la confianza al primer ministro italiano fue suspendida unos minutos por los enfrentamientos y tensión creados después de que un legislador de la Udeur anunciara que votaría a favor de Prodi, en contra de la decisión de su partido, por lo que fue insultado y escupido. La pelea estalló cuando Nuccio Cusumano, uno de los tres senadores del partido que ha abandonado la coalición y desatado la crisis, anunció su apoyo a Prodi, lo que originó que su compañero de partido Tommaso Barbato se dirigiera hacia su escaño gritándole «vendido, cornudo y pedazo de mierda». Inmediatamente el hemiciclo se convirtió en un patio de vecinos, oyéndose contra Cusumano perlas como «maricón, eres una basura, eres una puta», entre otras, proferidas por senadores de centroderecha. Según el senador Sergio De Gregorio, además de insultarle, Barbato también escupió a Cusumano, mientras intentaba pegarle puñetazos. Cusumano se desmayó y tuvo que ser sacado del hemiciclo en una camilla.