El Cairo/ Jerusalén.- La prensa árabe observa con escepticismo la gira que el presidente de EE UU, George W. Bush, comenzó ayer por Oriente Medio, y coincide en calificarla de inútil y en esperar pocos frutos para el proceso de paz entre israelíes y palestinos. «Su Excelencia, bienvenido a países de los que no conoce ni sus milenarias culturas ni el secreto tras el largo silencio antes de que explotasen en la cara de sus opresores», escribe Salahedin Hafez, director adjunto del diario de mayor tirada en Egipto y el mundo árabe, el gubernamental "Al Ahram". Bush visitará en su viaje de ocho días Israel, los territorios palestinos, Kuwait, Bahrein, los Emiratos Arabes Unidos, Arabia Saudí y Egipto. El presidente de EE UU pone todo su empeño en lograr un acuerdo de paz entre los palestinos e Israel, pero la cercanía del fin de su mandato y las elecciones en su país limitan su margen de acción, según algunos analistas. Hasta finales de 2007, Bush había evitado meterse en las arenas movedizas de un conflicto que cumple ya 60 años y ni siquiera había pisado Tierra Santa como presidente hasta ayer. En un cambio radical de actitud, ahora pretende conducir a ambas partes hacia un acuerdo antes de su salida de la Casa Blanca, dentro de un año.

Los analistas creen que Bush no quiere pasar a la historia no sólo como quien llevó a EE UU al desastre de la invasión de Irak y pretende hacer algo positivo en Oriente Medio, para lo que convocó a israelíes y palestinos en Annápolis (Maryland, EEUU), el pasado noviembre, con el fin de que iniciaran negociaciones para un acuerdo de paz. Sus posibilidades de éxito son dudosas, en parte porque el poder de la Presidencia se le está escapando de las manos. Es éste un síndrome que los estadounidenses llaman de "lame duck", o "pato cojo", y que se aplica a un mandatario sin poder para movilizar el apoyo del público, del Congreso o de su propio partido para llevar a cabo ninguna política que revele un atisbo de controversia.

En esta ocasión, sus problemas se agrandan, porque la Administración carece de un "heredero", dado que el vicepresidente, Dick Cheney, no se presenta a las elecciones. Por ahora, los analistas no se aventuran a decir que Bush será incapaz de lograr nada en su último año en el poder, pero Oriente Medio en particular es un hueso duro de roer para su gobierno.