Caracas.- Es el drama brutal, desalmado y doliente que en los últimos veinte años no ha cesado en tierras colombianas. Tampoco en otras partes del planeta en las que hay conflictos bélicos, al convertirse los niños -frase pocas veces mejor dicha- «en carne de cañón, extorsión y trueque».

El caso del niño Emmanuel no es único, es uno más de los bebés nacidos en cautiverio en poder de los grupos guerrilleros en las intrincadas selvas de las tierras neogranadinas, pero éste saltó a la primera página de los medios de comunicación del mundo en un espectáculo insólito, al usársele de bandera propagandística, con otros dos rehenes, por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Esa intentona de entrega ha sido un fiasco mayúsculo. Su organizador, el presidente Hugo Chávez, fue engañado por Marulanda -«un ser humano de condiciones excepcionales», en palabras del mandatario venezolano-, partisano ideológicamente estancado en los albores de los años sesenta, que, con la peregrina idea de derrotar al Gobierno de la Casa Nariño en Bogotá, ha optado mientras tanto por el secuestro de políticos, campesinos y hacendados -en su poder, 750 personas confinadas en campos de concentración-, la protección de narcotraficantes y el robo de ganado. En estos momentos, más que un guerrillero al viejo uso es un cuatrero en toda regla.

Narraba días pasados el diario bogotano "El Tiempo" cómo la situación de Manuel, símbolo de la "operación Emmanuel", el hijo nacido en cautiverio tras la relación de Clara Rojas, jefe de la campaña presidencial de Ingrid Betancourt, con un guerrillero raso, «sería la misma de 60 menores de edad que el año pasado estaban en cautiverio». Algo alarmante si se contabilizan en los últimos 12 años 2.567 niños secuestrados. Aroldo Quiroz, procurador colombiano delegado para la niñez y la familia, afirmó que uno de los principales problemas «lo representan los menores involucrados en el conflicto armado». En el libro "Los sicarios de Medellín", relato estremecedor de la niñez colombiana de Alexander Prieto Osorio, recientemente traducido al alemán, se lee el siguiente diálogo, el cual retrata en toda su dimensión apesadumbrada, atroz, el problema de una nación. En una escuela pública cierta maestra preguntó a sus alumnos de cuarto grado elemental:

-¿Qué quieren ser cuando sean grandes?

Uno de los pequeños, de 9 años de edad, se puso de pie y respondió:

-Cuando yo sea mayor me gustaría ser como Toño, uno de mi barrio que tiene una pistola y le gusta «quiñar» (matar) al que le hace mala cara. Quiero ser un matón bueno, para que me respete todo el mundo y teman a mi familia. Quiero ganar harta plata; andar con una pistola 9 milímetros y decirle al que me mire: «¿qué miras?». Y si se pone bravo, pues lo mato para que sepa que soy yo. A mí me gustaría ser así.

Según la organización internacional Unicef, entre 10.000 y 13.000 menores han sido reclutados por los grupos ilegales. A esto se le suman los dos millones de niños desplazados por la violencia y los 449 pequeños que desde 1990 hasta abril de 2007 resultaron víctimas de minas antipersona. De esos punzantes casos, 149 tuvieron un desenlace fatal, con muertes y amputación de miembros. Los guerrilleros a las órdenes de "Tiro Fijo" y "Mono Jojoy" -jefes máximos de las FARC- no son hermanas de la Caridad, posiblemente porque las condiciones en que desarrollan sus actividades subversivas son precarias y están permanentemente hostigados por el clima y el Ejército regular.

Ante esa iniquidad, escuchar las palabras del presidente Alvaro Uribe diciendo que el pequeño entregado por la banda alzada -y va para 40 años- a una institución benéfica u hospicio en Bogotá sería el hijo de la secuestrada Clara Rojas es la punta del iceberg y la prueba del engaño manipulado por la guerrilla. En medio de las versiones ya confirmadas sobre la identidad del menor, salieron a relucir las declaraciones del oficial del Ejército William Giovanni Domínguez Castro, secuestrado por las FARC desde el 20 de enero de 2007, quien en unas pruebas de supervivencia conocidas a mediados del año pasado, dedicó buena parte del tiempo a hablar de Clara Rojas y de su pequeño, a los que habría visto en manos de la guerrilla durante su cautiverio. El ministro de Defensa de Colombia, Juan Manuel Santos, acusó el viernes a la principal fuerza guerrillera de mentir y engañar al mundo al prometer la liberación de tres rehenes secuestrados, incluido el niño Emmanuel, pese a que los rebeldes no lo tenían en su poder.

«Esto lo que comprueba una vez más es que las FARC le mintieron, se burlaron de la opinión pública nacional e internacional, ofreciendo a quien no tenían, y después quisieron en forma maquiavélica y macabra culpar al Gobierno y la fuerza pública por la no entrega de los secuestrados que prometieron conceder», declaró Santos. Según informes de pediatras, Manuel sufría un «dramático abandono social, desnutrición, retardo en su desarrollo psicomotor, una lesión en su brazo izquierdo que lo obliga a arrastrarse (en ese entonces gateaba) y leishmaniasis». «No podemos rasgarnos las vestiduras por este caso que, aunque es preocupante, es el mismo que enfrentan millones de niños en Colombia», Beatriz Linares, especialista en temas de niñez.