Bagdad.- La espiral de violencia desencadenada el miércoles en Irak acercó ayer un poco más el país a la guerra civil. Al menos 130 personas -en su mayoría sunitas- perdieron la vida, casi todas en Bagdad y Basora, y unas 170 mezquitas de esa rama del islam fueron atacadas por chiitas en la oleada de represalias que ha seguido a la voladura de la Mezquita Dorada de Samarra, el cuarto templo más venerado por los chiitas.

La explosión en la Mezquita Dorada, que ha sido atribuida a la rama iraquí de Al Qaeda, ha generado una mortífera cadena de represalias chiitas. Los ataques de ayer y del miércoles se suman a la violencia que, según denuncian los sunitas, viene ejerciendo contra ellos el Ejecutivo chiita desde hace meses. La pasada semana, Bagdad se vio obligado a anunciar la apertura de una investigación sobre supuestos escuadrones de la muerte chiitas que habrían acabado con la vida de decenas de sunitas.

Entre los actos de violencia más destacados de las últimas horas hay que señalar la muerte de 47 personas en las proximidades de la ciudad de Al Nahruan. Según fuentes policiales, se trata de un grupo que había participado en una manifestación conjunta de sunitas y chiitas contra la violencia sectaria y, al regreso, fueron obligados a bajar del autobús que los transportaba y, posteriormente, fusilados. En Basora, en otro trágico episodio, once presos que habían ingresado en la cárcel por acciones violentas fueron sacados de la prisión y asesinados. Además, en la propia Samarra, tres periodistas -una reportera y dos camarógrafos- del canal de televisión saudí Al Arabiya fueron acribillados a balazos tras haber sido secuestrados. Un tercer cámara consiguió huir. El equipo se había desplazado a la ciudad para informar de la voladura de la Mezquita Dorada.

Dos días de toque de queda

El Gobierno iraquí ha decretado la máxima alerta policial y militar y ha suspendido los permisos de todos los policías y soldados ante la gran tensión que vive el país. Las autoridades de Bagdad, que han prorrogado dos días el toque de queda en Bagdad y Samarra, han hecho un llamamiento a las fuerzas multinacionales, encabezadas por EE UU, para que restablezcan el orden, admitiendo la incapacidad de las fuerzas iraquíes.

El Partido Islámico Iraquí, la principal formación política sunita, así como la Comisión de Ulemas, máxima autoridad religiosa de esta comunidad (20% de los iraquíes), anunciaron su boicot a las conversaciones para formar un Gobierno de unidad liderado por los chiitas confesionales de la Alianza Unida Iraquí (AUI).

«La Comisión de Ulemas apunta su dedo acusador contra ciertas autoridades religiosas chiitas por haber convocado manifestaciones» tras la voladura de la mezquita de Samarra, afirmó su portavoz, en clara referencia a los llamamientos hechos el miércoles por la máxima autoridad espiritual chiita de Irak, el gran ayatolá Ali al Sistani, a salir en manifestación para condenar el ataque.

Mientras, la comunidad internacional siguió haciendo llamamientos a la calma, e Irán acusó a Israel y EE UU de estar detrás del atentado de Samarra.