Kabul / Islamabad / Ankara.- Al menos cuatro personas murieron ayer y medio centenar resultaron heridas a causa de unos graves enfrentamientos entre sunnitas y chiitas registrados en Herat, en el oeste de Afganistán, donde se encuentra la base de las tropas españolas.

Fuentes policiales dijeron que los soldados de la OTAN desplazados en esa ciudad, entre ellos españoles e italianos, no intervinieron en los disturbios, ocurridos durante la festividad de Ashura, una de las más importantes para la comunidad chiita, minoría en Afganistán.

En Herat están desplazados unos 300 militares españoles, que no recibieron ninguna petición de las autoridades afganas para intervenir con el objetivo de detener los enfrentamientos, según dijo en Italia el ministro español de Defensa, José Bono.

Fuentes policiales en Herat declararon que los militares de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) de Afganistán, bajo mando de la OTAN, «no se vieron implicados en los enfrentamientos».

Como había ocurrido horas antes en el vecino Pakistán, las comunidades chiita y sunnita de Herat hicieron estallar su odio durante una festividad que recuerda la muerte del Iman Husein, nieto del profeta Mahoma, venerado por los chiitas.

Durante horas se desarrollaron graves enfrentamientos entre ambas comunidades, en los que se escucharon tiros, se lanzaron granadas de mano y se prendió fuego a varias mezquitas y a vehículos estacionados. A diferencia de lo que ocurre en el vecino Pakistán, los enfrentamientos entre ambas comunidades musulmanas no son frecuentes en Afganistán, donde un 80 por ciento de la población es sunnita, entre ellos la mayoría de los rebeldes talibanes.

En el norte de Pakistán, al menos 27 personas murieron ayer y otras 47 resultaron heridas en un supuesto atentado suicida durante la procesión de los chiitas, que se achacó a la rivalidad religiosa con los sunnitas.

El atentado, ocurrido en un atestado mercado, desembocó en serios disturbios entre las comunidades chiitas y sunnitas en Hangu, a unos 200 kilómetros al suroeste de Islamabad, y en la frontera con Afganistán, donde los chiitas empezaron a incendiar tiendas y automóviles de los sunnitas. El Ejército impuso el toque de queda.

El ministro paquistaní de Información, Sheikh Rashid Ahmed, condenó el ataque, que calificó como una «conspiración» destinada a provocar enfrentamientos entre las dos comunidades musulmanas. Según fuentes policiales, los disturbios de Afganistán no han tenido relación alguna con las concentraciones contra las viñetas de Mahoma, consideradas "blasfemas" por los musulmanes y que durante los últimos días se cobraron la vida de 12 personas en ese país. Tras los ataques registrados desde el comienzo de esta semana, la situación regresó ayer a la calma en Kabul, donde este martes grupos de enfurecidos afganos lanzaron piedras contra la embajada danesa y la sede del Banco Mundial (BM), entre otras instituciones.

En Turquía, al menos catorce personas resultaron heridas, seis de ellas policías, por una explosión registrada ayer en el barrio de Bayrampasa de Estambul, según la agencia local "Anatolia".

Los líderes islámicos coordinaron en la Meca la repulsa a las viñetas

Las polémicas caricaturas de Mahoma, que han abierto una grave crisis entre Occidente y el Islam, se publicaron el pasado mes de septiembre en el diario danés Jyllands-Posten. Más allá de la queja formal expresada por la pequeña comunidad musulmana del país nórdico, el asunto nunca pareció que fuera a trascender la política danesa. Pero en diciembre de 2005, líderes de 57 países islámicos se reunieron en La Meca (Arabia Saudí) para coordinar su repulsa a lo que calificaron de ofensa a sus creencias.

Por su parte, el comisario europeo de Seguridad, Franco Frattini, negó ayer que la Comisión Europea tenga un plan para imponer un código de conducta a los medios de comunicación para evitar los incidentes por las caricaturas de Mahoma. «Nunca he sugerido imponer un código de conducta a la prensa, depende de los propios medios si se auto-regulan o no, y depende de los medios formular un código de conducta voluntario si lo consideran necesario».