Londres.- El IRA anuncia que deja de matar pero la policía vuelve a ir fuertemente armada por las calles de Londres. Una imagen que ahora forma parte del mayor dispositivo de seguridad desplegado en el Reino Unido tras las II Guerra Mundial. Ya no están tocados. El segundo atentado, el fallido, el que no dejo muertos, les hace temer ahora no por su estilo de vida, sino por su propia vida.

La alarma es total y a alimentarla contribuye enormemente Sir Ian Blair, el máximo responsable de la policía metropolitana de la capital británica. Sus palabras las reproducen diariamente los tabloides: «Van atacar de nuevo».

La frialdad inicial ha dado paso a una psicosis soterrada. «Hay sitio arriba. Por favor suban arriba» grita el conductor del autobús a los londoners que, ahora, desconfiados se apelotonan junto a las puertas en un intento vano por sentirse mas seguros. Mientras, en el metro, el mas antiguo del mundo, se ha roto una sagrada norma no escrita. La gente ya no rehuye el contacto visual. Lo busca en otro intento vano por saber si en su vagón viaja un terrorista suicida. Cada vez que se abren las puertas una mochila, un abrigo o una piel que no sea blanca remueven a la gente en sus asientos. Son algunos de los detalles que revelan que ya no les es posible disimular su miedo.

Y vuelven a romper una norma no escrita. La educación británica siempre ha hecho especial hincapié en la libertad para reafirmarte en lo que eres o lo que quieres ser mas allá de cualquier consideración, de religión y vestimenta. No suelen juzgar y precisamente esa tolerancia extrema les allana el camino asesino a las cédulas de Al-Qaeda. Pero ese "look terrorista" del que nadie habla pero en el que muchos piensan le costo la vida a un chaval brasileño y ha soliviantado al resto de habitantes de esta ciudad que se sienten doblemente amenazados.

Pero no han perdido su proverbial sentido del humor. El los carteles del metro donde se rogaba a la gente que no corriese por las plataformas alguien añadió, con sorna, «sobre todo si no eres blanco y llevas un abrigo de invierno». El dia que Menezes murió a quemarropa en Londres hacia frío de noviembre.

La ciudad de las mochilas

El objeto que ahora levanta mayor desconfianza entre los londinenses, la mochila, es precisamente una extensión de sus propios cuerpos. Sin ella van desnudos. Al que viene de fuera, como turista o con intención de residir aquí, es uno de los aspectos que mas le llaman la atención.

Si a esto unimos el ingente porcentaje de población musulmana en la ciudad, el riesgo de ver un potencial terrorista cuando te subes al metro o al autobús se eleva a la enésima potencia. El primer ataque no fue para Sue Gooding, 52, una razón suficiente para cambiar su rutina. Sin embargo, ahora, no vacila en afimar, tajante, que si bien se arriesgaría a viajar en metro no quiere ni pensar en la idea de que su hija lo haga. Porque ahora, cuando bajas al underground, es habitual ver a una pareja de policías custodiando el anden con el dedo en el gatillo de la metralleta. Y si la estación está en el centro, la presencia se multiplica, en cada parada, los propios vagones con mirada fija e inquisitiva.

Y a pesar de este «despliegue militar» los conductores del "tube" tienen miedo. Y con él legitiman su exigencia: «O aprietan las medidas de seguridad o abandonamos los trenes». Caos.

Abandonar, pero el país, es lo que se plantea ahora Beatriz Aranguena, 28. Llego hace tres años y «es la primera vez que pienso en irme porque a lo que no estoy dispuesta es a vivir con miedo. España no me asusta. Parece que, después del atentado, nos han dejado en paz».

El miedo también se trasluce en sms como el que recibimos el pasado miércoles. Es un «pasalo» como los que se popularizaron en Madrid tras el 11-M. Nick Friel nos lo hace llegar. «Hey. Acabo de oir que todas las operaciones de la policía han sido canceladas para mañana. A parecer esperan que algo ocurra. No cojas el metro si puedes evitarlo».

Si es jueves, día elegido por los terroristas para atentar, la paranoia llega a su punto algido. «No te preocupes», nos dice flemático Andrew Molloy cada vez que le hacemos ver nuestro temor. «Hoy no es jueves».

Si bien los ingleses se muestran reticentes a hablar abiertamente del miedo, no tienen problema en retomar el principal tema de debate antes de la elecciones en las que Tony Blair salio reelegido. «Debería haber un freno a la política de manga ancha que este país ha llevado a cabo con los refugiados políticos» es el comentario mas habitual en los pubs, foros de Londres.

Otra preocupación

Steve, 36, de Birminghan se indigna: «no podemos permitir que los terroristas tengan pasaporte británico». Y se pregunta: «Porque en Francia las personas que no tienen papeles son expulsados y aquí se quedan eternamente». «Y encima les damos un "council flat" -una vivienda de protección oficial pero mucho mas barata- y les facilitamos la nacionalidad», añade.

Hoy -por el jueves- se desarrolla en el peliculero y "español" Notting Hill y en el multicultural Hacney una de las mayores operaciones para capturar a sospechosos del 21-J. El segundo barrio esta muy cerca de donde estamos. Vuelve la sinfonía de sirenas que nos acompaña desde el 7-J. Intentamos buscar en la televisión algún informativo. Pero, no. están poniendo críquet.