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Alfonso Ferrero pierde cien ovejas abrasadas en Palazuelo de Sayago: "No pude salvarlo, el fuego nos rodeaba"

El ganadero y su mujer eludieron la orden de evacuación para defender la casa y las naves

El descorazonador paisaje tras el incendio de Fermoselle en esta explotación de Palazuelo de Sayago: más de 100 ovejas muertas, alguna con un hilo de vida

A. O.

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Cien ovejas, ciento una para ser exactos, perecieron quemadas la tarde noche del miércoles en una finca de Palazuelo de Sayago, en la raya con Formariz y Muga. Alfonso Ferrero intentó salvarlas, pero era su vida la que estaba en juego ante la voracidad de un incendio declarado a la una de la tarde en Fermoselle que el ganadero veía llegar a Fornillos y nunca pensó que se metería hasta la puerta de su casa. De hecho, Alfonso se fue a Fornillos para ayudar a su contención, pero fue en vano.

Tras llevarse por delante el término de Fornillos de Fermoselle, las llamas se acercaban peligrosamente a Palazuelo. “Dije, que me quema el ganado. Me vine para el pueblo y llegó la Guardia Civil diciendo que desalojáramos, pero yo me negué rotundamente y mi mujer también. Cogí el coche con intención de quitar el ganado, pero cuando llegué a la raya de Palazuelo y Fornillos ya estaba el fuego a los dos lados de la carretera, me rodeaba, me di la vuelta con intención de salir hacia Formariz y exactamente igual, todo llamas”.

Ovejas muertas en Palazuelo de Sayago

Ovejas muertas en Palazuelo de Sayago / LOZ

Alfonso no da crédito a la “velocidad con la que corría aquello; mucho aire y mucha masa forestal pequeña, pues ardía inmensamente”. En esa situación el ganadero sayagués se resignó a perder ese rebaño y acudió en rescate de otra piara de ovejas que se salvó porque “las pasé para una tierra arada”. Pero lo peor estaba por llegar. “Me llama mi mujer y me dice que se quema la casa y allí hicimos lo que pudimos, llegó la llama hasta la misma puerta y no había nadie que nos ayudara. Menos mal que hemos conseguido defender las naves con la paja y la casa” se intenta consolar tras perder casi una tercera parte de la cabaña.

“Y no es malo que estemos vivos” cuenta todavía con el susto y la rabia en el cuerpo. “Hemos tenido un panorama muy grave y si nos llegamos a ir hubiera sido mucho peor porque a nuestra casa los medios llegaron a última hora”.

Lamenta el ganadero de Palazuelo que “en nueve años vuelve a pasar y parece que no hemos aprendido nada”. ¿Y ahora qué? “Esos nos preguntamos nosotros, y ahora qué. Mal que bien me quedan doscientas ovejas y he salvado la paja, ahora de pasto no queda ni un metro en el pueblo”.

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