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«Pedid y recibiréis»

La cofradía de Jesús Nazareno revive la tradicional bendición de los conqueros, uno de los actos más singulares de la Pasión

30-03-2013Meneame
Un momento de la bendición de los conqueros.
Un momento de la bendición de los conqueros. . Foto M. J. C..

MARÍA JESÚS CACHAZO Bajo la atenta y piadosa mirada de Nuestro Padre Jesús, la cofradía de Jesús Nazareno y Ánimas de la Campanilla celebró ayer uno de los actos más peculiares de cuantos se celebran durante la Semana Santa en Toro: la Bendición de los conqueros o «cagalentejas». El atrio de la iglesia museo de Santa María de Roncesvalles y Santa Catalina albergó un año más la bendición de cuatro hermanos de la cofradía que asumieron la ardua tarea de solicitar limosna por las calles de la ciudad.

El más respetuoso silencio, solamente quebrado por el gemido de la trompeta al que respondió el lastimero desde el interior del templo en forma de eco y llanto lejano, marcó el inicio, a las doce del mediodía, de esta bendición en la que los conqueros esperaron con atención y profunda emoción, las indicaciones de los abades en ejercicio. Este «solemne, sobrio y discreto» acto, como remarcó uno de los abades, comenzó con el rezo de un credo a Nuestro Padre Jesús, una salve a Nuestra Madre de la Soledad y un Padre Nuestro por todos los hermanos difuntos de la cofradía. Acto seguido el mismo abad recordó a todos los presentes que con esta bendición la hermandad cumple el ritual legado de sus «ancestros» tras resurgir de sus «infortunios» y alentó a los cuatro conqueros en el desempeño de un «difícil y honroso cometido».

Otro de los abades en ejercicio pidió a los conqueros que recorrieran las calles de la ciudad «pidiendo limosna en nombre de Nuestro Padre Jesús». Acto seguido se celebró el solemne juramento de silencio durante el que los abades recordaron a los conqueros que «todo el que pide recibe, el que busca halla y al que llama se le abrirá» y les pidieron que «aunque algunos sufriréis mofas con vuestros símbolos de conquero, pensad que Nuestro Padre Jesús sufrió mucho más por nosotros, tomadlo como un servicio de penitencia a nuestra cofradía». Los conqueros procedieron posteriormente a arrodillarse y con la ayuda de los escribanos se cubrieron el rostro. Por último, los escribanos entregaron a los conqueros las insignias, cuyo golpeteo en el suelo, sirve a los hermanos para solicitar las limosnas, y las concas, especie de plato o cuenco de madera que los hermanos utilizan para solicitar las dádivas y que en otras épocas se utilizada para probar el vino que se elaboraba en las bodegas.

Una vez concluido el acto, los cuatro conqueros, iniciaron su peregrinar por las vetustas calles de Toro para solicitar limosna y recaudar fondos para la hermandad. La figura del conquero, también conocido con el sobrenombre de «cagalentejas», porque en el pasado el abad de la cofradía invitaba a los cuatro hermanos a comer y el primer plato siempre eran lentejas, tiene su origen en la antigua hermandad de Ánimas de la Campanilla, de ahí que para esta bendición la túnica que visten los cofrades es negra.